Los músicos callejeros madrileños se examinan

Incluso con las bajas temperaturas que estos días sufre la capital, basta un paseo por los alrededores de la Puerta del Sol para encontrar pequeños rincones dedicados a la música. Es fácil reconocer cuándo hay un artista interpretando melodías, no sólo por el sonido, sino por la automática aglomeración de personas a su alrededor. Este fin de semana, actuaban nerviosos, puesto que en 24 horas tendrán una de las audiciones más importantes de su vida: la del distrito Centro.

Entre el 2 y el 4 de diciembre, el Centro Cultural Conde Duque recibirá a unos 350 músicos callejeros que han presentado una solicitud para obtener un permiso para tocar en la calle sin que la Policía Municipal les recuerde de tanto en cuando que no deben estar ahí. Cada uno de ellos deberá acudir con sus propios instrumentos, en caso de que los utilicen, e interpretar algunas piezas de su repertorio. El tribunal que los juzga estará compuesto por dos profesionales del ámbito musical y un secretario funcionario o laboral del Ayuntamiento de Madrid.

Precisamente es el tribunal el que preocupa entre los artistas que interpretan su música en las calles del Centro, puesto que, como dice Fabiana de Liricallejeros: «Quién puede decir que una música es buena o mala». Este grupo de estudiantes del Conservatorio Superior de Música de Madrid duda de cuáles son los criterios por los que se va a elegir quién puede tocar y quién no, puesto que «quien hace música lo hace por el hecho en sí de interpretarla, por mucho que influya lo económico».

En el caso de Loren, que lleva tres años tocando una batería elaborada con elementos reciclados por toda Europa, le parece una buena idea la necesidad de tener autorización para interpretar música en la calle, algo que se hace en muchos otros países. Sin embargo, recela también de qué es lo que busca la junta de Distrito de Centro para conceder los permisos. Además, no tiene ningún problema en abonar alguna tasa –algo que, en principio, el consistorio madrileño ha descartado–. «Siempre te compensa cualquier pago por la tranquilidad de saber que nadie te va a echar de aquí», asegura.

Desde el siglo XIX

Taisia, una voz prodigiosa que, pese a que reside en Málaga, no ha dejado pasar la oportunidad de ganarse una esquina junto a la Puerta del Sol, considera muy importante que se regule a los músicos. «No entiendo que, en un país como España, con tan buen tiempo, la música esté prohibida, cuando en Alemania se otorgan desde hace años este tipo de autorizaciones», señala, y recuerda que, en el siglo XIX, era habitual ver al gran Caruso interpretando arias en las calles de Italia. De hecho, cuenta que hay un cantante retirado, que actuó con Alfredo Kraus, que suele hacer dúos con ella cuando se encuentran en el centro de Madrid.

Quien tiene claro que las autorizaciones son necesarias es Mitu Vasile, que interpreta bellas melodías deslizando el dedo sobre copas llenas de agua. «Esto es mi medio de vida y hay días que gano un euro y otros 100. La autorización evitará que algunos días la Policía me quite de aquí», explica. Asimismo, considera que las audiciones son necesarias porque hay personas que llegan tocando cualquier cosa y, aunque él no es amigo de peleas, sí acostumbra a ocupar el mismo lugar en la calle Arenal. «Espero que me cojan y poder darme a conocer, para ir poco a poco dejando la calle si me salen actuaciones en otros lugares», confía.

Con los permisos, Centro pretende conciliar el derecho al descanso de los vecinos con las manifestaciones artísticas que, por otro lado, deleitan a madrileños y turistas. Hay que tener en cuenta que Centro es una Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE), por lo que también pretenden ordenar el tiempo máximo continuado que podrán tocar y las ubicaciones en las que se colocarán los músicos para evitar saturar las zonas con mayor contaminación acústica. Por otro lado, el Ayuntamiento de Madrid decidió exigir unos estándares mínimos de calidad para poder discriminar a los músicos de aquellos que decidan trasladar los gallos del karaoke a las calles de Centro.

«Pretendemos ordenar una actividad que se viene desarrollando en la práctica y cuya regulación estaba prevista en la declaración de ZPAE de forma que se proteja esta manifestación de arte urbano, potencialmente atractiva para el turismo, que aporta cultura, vida y alegría a las calles de Madrid, a la vez que lo armonizamos con el libre ejercicio de las actividades comerciales y hosteleras y el derecho al descanso de los vecinos de nuestro distrito», explicó el concejal de Centro, David Erguido.