Ningún recluso quiere ser el preso-sombra de «El Rafita»

«El Rafita» está interno en la prisión de Valdemoro desde el pasado verano
«El Rafita» está interno en la prisión de Valdemoro desde el pasado verano

El Plan de Prevención de Suicidios fue ideado para evitar reacciones autolíticas por parte de un preso. Tanto si el reo lo comunica como si el médico o el psicólogo lo consideran necesario. Un método preventivo que no siempre se aplica de modo estricto. En ciertas ocasiones, sobre todo cuando se trata de un reo mediático, si no se le puede aplicar este protocolo se crea una nueva figura. Eso de que todos somos iguales ante la ley no se cumple, así, fuentes consultadas por LA RAZÓN mantienen que «El Rafita» está recibiendo una especie de «trato de favor» desde el primer día que entró en la cárcel de Valdemoro. Una información que también le ha llegado, aunque por otra vía, a los padres de Sandra Palo. «Es una vergüenza. Están tratando entre algodones a un asesino», confirma María del Mar Bermúdez.

Rafael Fernández García entró el pasado 18 de agosto en el centro penitenciario Madrid III, Valdemoro, tras ser detenido por tratar de embestir a un policía mientras conducía una moto sin luces ni matrícula. Era la primera noche que dormía en un centro penitenciario, puesto que su internamiento anterior fue en un centro de menores. Iba a tener que aprender a convivir con el resto de reclusos, quienes en principio no le iban a recibir muy bien por ser quien es, uno de los condenados por el asesinato de Sandra Palo. Eso se pensaba tras su entrada en el centro. Si bien, la realidad es otra bien distinta. «El Rafita», quien quiere pasar desapercibido a toda costa, nada más entrar fue examinado por el médico de guardia, quien no apreció indicios razonables de que el nuevo interno fuera a tener reacciones autolíticas. Él, al principio, tampoco solicitó ayuda en este sentido.

El primer lunes que pasó en prisión el equipo médico le practicó de nuevo un reconocimiento. Ese mismo día, o el siguiente a más tardar, debería haber pasado a módulo. Sin embargo, «El Rafita» estuvo cinco días más en ingresos. Es decir, hasta el día 23 por la noche. Le aplicaron el artículo 72.2 para proteger su vida a pesar de que él no lo pidió, algo que sí que haría más tarde.

Finalmente, le asignaron un preso sombra y le impidieron salir al patio con normalidad, «una ilegalidad», según las fuentes consultadas. El problema es que en ese momento no había ningún preso sombra disponible, por lo que la dirección de la prisión tuvo que solicitar a todos los ordenanzas que se turnaran para compartir celda con el «El Rafita». No querían mezclarlo con otros presos, no fuera a ser que le pasara algo. Los problemas llegaron en ese momento porque, un preso, a pesar de saber que podía perder los permisos, se negó a realizar la vigilancia del nuevo reo, lo que provocó su expulsión del módulo. Lo mismo ocurrió con otro interno unas horas después. Este segundo preso denunció al día siguiente los hechos al juzgado de vigilancia, aludiendo que le habían obligado a prestar este servicio.

Este preso sombra perdió también sus beneficios. Es decir, «deja de estar dado de alta en la Seguridad Social por prestar este servicio y deja por tanto de cobrar por ello». Mientras, «El Rafita continúa en ingresos aislado con una figura que no existe: «aplicación de acompañamiento en celda», añaden las mismas fuentes.

El viernes, después de que nadie del equipo técnico firmara un informe sobre las posibles reacciones autolíticas del interno, trasladaron a «El Rafita» al celular –dónde permaneció incomunicado– y le mantuvieron la aplicación del artículo 72.

Traslado a talleres

El día 26 el reo ya ingresó en un módulo habitual. Allí dos presos le amenazan. En la cárcel no olvidan. Aunque «El Rafita» está preso en esta ocasión por robar un vehículo y atentado contra la autoridad, nadie en la cárcel olvida el crimen de Sandra Palo. Es entonces, y no antes, cuando «El Rafita» pide protección por primera vez. Finalmente el 12 de septiembre ingresó en el módulo 2, que es el módulo en el que teóricamente están los presos de talleres, donde están los reos que no quieren tener problemas. Allí están los presos que ven más cerca su salida de prisión, los que tienen la mente fuera de los barrotes. No quieren ningún altercado que pudiera tirar al traste los meses y meses trabajando en la cárcel con el fin de que al salir del centro penitenciario puedan tener derecho a paro. «El Rafita», «que no se relaciona mucho, ya que prefiere pasar desapercibido en prisión», no es uno más. «Está en el módulo, pero no en talleres. Algo nada habitual», precisan las mismas fuentes.

«Me parece vergonzoso el trato de favor que está recibiendo Rafita en la cárcel. Ya tuvimos problemas cuando estuvo en el centro de menores y ahora esto», se indigna la madre de Sandra Palo, que ya ha tenido que ver como uno de los asesinos de su pequeña en vez de ir a la cárcel por su muerte ha ido por el intento de embestir a un policía. «Se le ha dado todo para que se reinserte en la sociedad y no ha querido. Me enerva la sangre este trato. Es muy duro que porque sea un preso mediático esté recibiendo un trato de favor. Es muy triste que pase esto. Esto no es justicia», añade María del Mar Bermúdez.

Este periódico ha consultado a fuentes de Instituciones Penitenciarias el trato que está recibiendo «El Rafita» en prisión y según estas fuentes a Rafael García «se le ha aplicado el artículo 75.2, que en resumen indica que hay que velar por la protección física de los internos. De ahí que también se le aplicase este artículo a José Bretón. Según estas fuentes, no le llevaron a un módulo de respeto, pero sí a uno ordinario porque Rafita lo pidió». Pero «un módulo ordinario no es talleres, ni él pidio estar en ingresos una semana», según otras fuentes.

TRATÓ DE ATROPELLAR A UN AGENTE

El pasado 16 de agosto «El Rafita» fue detenido por última vez. Aquel día, una patrulla de la Policía Local de Getafe acudió a la Cañada Real Galiana después de recibir un aviso que advertía de un coche en llamas. Cuando los agentes llegaron vieron, junto al vehículo, a dos jóvenes que, al percatarse de su presencia, emprendieron la huida en una motocicleta. Comenzó así una persecución que continuó hasta que el camino por el que huían se acabó. Los agentes procedieron a darles el alto y, atrapados, los jóvenes embistieron a uno de los agentes con la moto. El policía logró esquivarles pero resultó herido. La persecución se reinició pero, a los pocos minutos, la motocicleta cayó en un agujero y uno de sus ocupantes quedó tendido mientras el otro logró escapar a pie. El detenido, una vez más, resultó ser «El Rafita».