Se busca alunicero aprendiz

La Razón
La RazónLa Razón

No ha cumplido los 27 y ya es uno de los principales encartados del Grupo XXI de la Brigada Provincial de Policía Judicial,especializado en delitos contra el patrimonio. No se esperaba otra cosa de él sabiendo que su maestro y compañero de fechorías ha sido A. S., el bautizado como «el Fernando Alonso» de los aluniceros y cabecilla de la banda del extintor, –ahora, por cierto, entre rejas desde el pasado martes–.

Comparten el segundo apellido pero no son familia, según los agentes de la brigada, hartos de ir detrás de ellos. Se trata de J.D.N., vive en San Blas, en la zona de la calle Villablanca, un barrio no muy seguro, y está acusado de robar el pasado día 10 en una tienda Movistar del paseo de la Florida sobre las 3:45 horas de la madrugada. La persiana metálica estaba apalancada y la cristalera rota con una maza después de haberla dañado en gran medida empotrando el culo del coche. Se llevaron cerca de 40 smartphones y una tablet valorados en unos 11.800 euros. Para el golpe habían robado un vehículo de alta gama, no de los más lujosos pero sí de los potentes: un BMW 320 rojo (nada discreto) cuya sustracción se denunció cuatro días antes en el distrito de Chamberí. Y es que el modus operandi de estos temerarios delincuentes es siempre el mismo: roban un vehículo de alta gama, lo utilizan para los asaltos que les dé tiempo y después se deshacen de él sin dejar apenas rastro.

Pero para el robo de Movistar, J.D. ese día fue más allá. Quizás tentando demasiado a la suerte, se metió en una gasolinera de la calle Campezo, echó gasolina al depósito de «su» BMW y se fue sin pagar; una chulería prescindible que ahora, tras su detención, también se le imputa.

Aunque J.D. no sólo fue detenido por estos robos. La Policía también le atribuye un robo con violencia e intimidación, es decir, un atraco perpetrado en marzo de 2009, el día 30, en una tienda de informática dé la calle Castrillo de Aza,14. N.P. junto a otros tres compinches entraron en el PC Express a las 10 de la mañana vestidos con ropa deportiva, según los testigos. Uno de ellos se giró antes de huir y apuñaló en la pierna derecha al empleado.

Es sólo una de las 16 reseñas policiales de J.D.. La mayoría son por delitos contra el patrimonio, robo con fuerza, estafa, atentado contra agente de la autoridad y asociación ilícita, cuando le pillaron junto a «el Adán», su maestro, su «compadre».

Puede que él sea uno de los aluniceros que más traen de cabeza ahora mismo a los agentes. «Son grupos que son reincidentes y recurrentes. Cada uno puede tener 2 o 3 investigaciones abiertas –por distintos golpes– por la Policía y la Guardia Civil», explica el jefe del Grupo XXI, Prieto. Uno de los problemas de esa reincidencia, según el experto, es que por cada juicio que pasan saben un poco mejor qué error no volver a cometer en el próximo robo. «Tienen acceso a nuestra investigación por parte de sus abogados y saben en qué han fallado», sostiene Prieto. Eso, unido a que van tapados para evitar ser reconocidos por testigos y cámaras, llevan guantes para no dejar una huellas en ningún sitio y queman los vehículos utilizados para la huida cuando creen que ya está «mordido», convierten la identificación en tarea complicada. Aunque no existe el crimen perfecto y, según el experto, «tienen resquicios que no decimos».

Las bandas de aluniceros no son grupos homogéneos. El conductor suele ser el líder y forma su propia banda para cada golpe, lo que complica la investigación. Una de las formas de ponerse sobre la pista es el método escogido para robar el vehículo del alunizaje. «Es el punto de inicio de su robo y de nuestra investigación», asegura el jefe del Grupo XXI.