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Una de las víctimas del pederasta aún tiene pesadillas

Ayer declaró en el juicio la madre de una de las menores, que explicó el calvario sufrido.

Ayer declaró en el juicio la madre de una de las menores, que explicó el calvario sufrido.

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Dos años después de que el «pederasta de Ciudad Lineal» supuestamente cometiese las agresiones, la segunda víctima, de nueve años, sigue sufriendo pesadillas con los hechos ocurridos el 10 de abril de 2014, según manifestó ayer su madre en el juicio, en el que Antonio Ortiz es el único acusado. Según recogió la agencia Efe, la madre de la menor declaró ayer a puerta cerrada y fuentes jurídicas contaron después que su madre explicó al tribunal cómo su hija sigue teniendo pesadillas con el presunto pederasta. Pese a ello, la familia rechazó el tratamiento psicológico que se le ofreció después de la agresión para no «forzar» a la menor, conocida como testigo protegido 3. También contó que el tratamiento profiláctico al que tuvo que someterse durante los tres meses posteriores a la agresión –que implicaba que la menor tomase tres pastillas diarias– le sentó muy mal. Ortiz presuntamente se llevó a esta menor sobre las 20:30 horas, le suministró Lorazepam, la agredió sexualmente en el piso de la calle Santa Virgilia y posteriormente la abandonó a la una de la mañana en la estación de metro de Canillejas. El hombre que la encontró en las inmediaciones también testificó ayer y explicó que la niña estaba perdida y llorando. Aseguró que la niña «no podía articular palabra» y que sólo dijo que su madre estaba en el metro, por lo que la acompañó hasta allí y se la entregó a una operaria, quien se la acercó a la Policía. También declaró ayer ante la Sección Séptima de la Audiencia Provincial uno de los policías que participaron en la «operación Candy», que fue quien acompañó a la menor al denominado «piso de los horrores». Este agente puso en valor los datos aportados por la pequeña sobre la citada vivienda y dijo que algunos de ellos eran «calcados» con lo que luego encontraron en la casa. Según él, la menor era bastante precisa, su descripción concordaba «exactamente» con la realidad y, si no tenía certeza sobre algo, prefería no aportar información. De hecho, el croquis que realizó del edificio y sus particularidades fue crucial para localizar este piso.