
Medio ambiente
Así se han recuperado los humedales de Huelva en un cuarto de siglo
Tras 25 años de gestión científica, la Laguna Primera de Palos se ha convertido en un santuario para más de 80 especies amenazadas. Forma parte de un proyecto de restauración de 53 hectáreas de litoral en Huelva y Cádiz

«Nos encontramos con un sistema muy degradado», recuerda el biólogo Javier Camacho. A principios de los 2000, los cultivos intensivos de fresa rodeaban la Laguna Primera de Palos (Palos de la Frontera, Huelva). Los plásticos agrícolas se acumulaban y la vegetación natural casi había desaparecido. Hoy, la imagen es otra.
Tras casi 25 años de intervención continuada impulsada por la Fundación Moeve, en colaboración con la Junta de Andalucía, este enclave se ha convertido en un santuario de biodiversidad donde más de 80 especies amenazadas han encontrado refugio. Un espacio natural que captura carbono, almacena agua dulce y sirve de escala para aves migratorias, complementando ecosistemas como Doñana o las Marismas del Odiel.
Camacho, que también es director de Tratamientos y Proyectos Medioambientales en TYPMA, conoce cada palmo del humedal. Su consultora se encarga del mantenimiento de la laguna, desde la construcción de infraestructura hasta la investigación y seguimiento. «El proyecto surge en el año 2001», indica, explicando que «lo que comenzó como una medida compensatoria por la instalación de tanques de almacenamiento fuera de refinería se convirtió en una restauración integral a largo plazo».

La situación de partida era crítica. «Casi todo el perímetro de la laguna estaba ocupado por invernaderos», relata el biólogo. La presencia de plásticos agrícolas, el sobrepastoreo y la caza furtiva dibujaban un escenario complicado. La intervención inicial se centró en limpiar el entorno y recuperar las funciones del ecosistema, negociando con los agricultores para poner franjas perimetrales de protección y eliminando diques.
Ese primer impulso fue clave para asentar una restauración más ambiciosa. «La vocación desde el principio era aplicar una restauración ecológica real, actuando sobre la vegetación, la hidrología y la fauna, y poner después el espacio a disposición del uso público», explica Teresa Mañueco, directora de la Fundación Moeve. Con el tiempo, añade, la laguna ha evolucionado «hacia un modelo de gestión activa», incorporando investigación científica, control de especies invasoras y programas de divulgación.
Hoy alberga 401 especies, especialmente aves acuáticas vulnerables, y ha recuperado 30 hectáreas del paraje natural. Uno de los mayores desafíos ha sido, precisamente, la gestión de exóticas invasoras. Y es que no basta con proteger el entorno: los problemas pueden surgir desde dentro. «Detectamos que el black bass, una perca de agua dulce de origen noruego, se comía entre el 80% y el 90% de las polladas de aves acuáticas», señala Camacho, calificando a este animal como «el enemigo en casa» que degrada el equilibrio logrado.
La carpa es otra de las amenazas, ya que al remover los sedimentos del fondo impiden que la luz llegue a la vegetación, provocando la pérdida de biodiversidad. Para combatir esto, el equipo de gestión ha llegado a realizar procesos de desecación controlada de la laguna, reduciendo hasta en un 99% la población de peces invasores, aunque reconoce que su erradicación total es casi imposible por su alta capacidad para regenerarse.
Casi dos millones de inversión
Este proyecto no solo se limita a la ingeniería ambiental. La inversión total de la Fundación Moeve –que impulsa estas acciones en sus áreas de influencia– supera los 1,8 millones de euros y ha permitido preservar más de 52,85 hectáreas de puntos húmedos como el Paraje Natural Marismas del Odiel, también en Huelva, o la Estación Ambiental Madrevieja, en Cádiz. En este último se han liberado 67 ejemplares de lechuza y se trabaja en la recuperación del galápago. En total, en España, se ha reforzado la protección de 715 especies autóctonas de fauna y flora.
La educación ambiental es el otro gran pilar del programa. Durante el último año, estos espacios recibieron más de 7.600 visitas de investigadores, instituciones y centros educativos. Cerca de 4.800 alumnos y alumnas participaron en programas de sensibilización. Camacho destaca «la creación de pantallas de vegetación», que permiten que el visitante se sumerja en la naturaleza sin percibir el entorno industrial cercano.
El trabajo de la Fundación mira ahora hacia la cuenca completa. «El humedal no está solo; recibe agua de toda su cuenca, que está ocupada por cultivos intensivos», advierte Camacho. El exceso de fertilizantes y la erosión de las tierras agrícolas pueden provocar la eutrofización del agua, un proceso que acaba con la vida en el fondo de la laguna por falta de oxígeno. De ahí que la estrategia actual pase por la «gobernanza»: llegar a acuerdos con administraciones locales y agricultores para mejorar la calidad del agua que llega al ecosistema.
Este modelo, considerado un «proyecto piloto», es replicable en otros humedales con problemas similares, como la Laguna del Portil o incluso zonas de Doñana. En 2025, Fundación Moeve firmó acuerdos para reforzar su presencia en ecosistemas de alto valor en Andalucía y Canarias, que incluyen por ejemplo la creación de un nuevo humedal artificial en Fasnia (Tenerife) o la restauración de La Mejorada en el Paraje Natural de Brazo del Este (Sevilla). Así, la Laguna Primera de Palos se ha convertido en un ejemplo de que, con la unión de ciencia e inversión, el latido de las marismas puede seguir vivo para las próximas generaciones.
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