
Entrevista
Carlos Ayuso (Moeve): «La innovación es el corazón de la compañía, está en el centro del negocio»
La compañía prueba tecnologías disruptivas en réplicas exactas de sus plantas para acelerar su llegada al mercado: desde IA a combustibles a base de microalgas

Lejos queda ya el concepto de «departamento de I+D». En el complejo tablero de la transición energética global, la innovación se ha convertido en el eje sobre el que gravitan las empresas más grandes del mundo. Carlos Ayuso, director de Proyectos y Procesos de Innovación de Moeve, desgrana en esta entrevista cómo la compañía energética está transformando su modelo de negocio para convertir ideas disruptivas en realidades tangibles.
Desde una inteligencia artificial especializada en reducir emisiones hasta combustibles sostenibles producidos por microalgas, pasando por paneles solares orgánicos, todas las soluciones se desarrollan en un entorno industrial real dentro de sus instalaciones. «Hemos puesto la innovación en el centro de la compañía. No está al margen del negocio, la tenemos integrada dentro de las operaciones industriales. Es el corazón de la compañía», afirma Ayuso, señalando que lo que les diferencia es la capacidad de llevar los desarrollos a escala productiva.
Para salvar el abismo que separa un experimento de laboratorio de su uso en una megaplanta química, la compañía ha creado en sus centros de innovación «réplicas operativas exactas de nuestras unidades industriales», describe Ayuso.
«Estos entornos controlados y flexibles nos permiten probar cualquier tecnología en condiciones muy similares a las que luego vamos a tener en nuestros parques energéticos o plantas químicas», explica. Se trata de «un sistema riguroso de simulaciones que funciona en paralelo a la operativa», lo que permite «reducir riesgos y acelerar la curva de aprendizaje sin detener la producción de infraestructuras esenciales».
Ejemplo de este éxito es la tecnología Detal desarrollada por Moeve, que permite crear detergentes biodegradables y que hoy es el estándar mundial. «Conseguimos escalarla y, desde los años 2000, prácticamente ninguna empresa nueva utiliza otra tecnología que no sea la nuestra», afirma.
Más de 400 startups
El reto de la descarbonización exige mayor agilidad para adoptar soluciones sostenibles. Por eso, Ayuso defiende un modelo de innovación abierta que permite cocrear con startups, universidades y centros tecnológicos. «Te da mucho más acceso a conocimiento científico de primer nivel y, sobre todo, velocidad», asegura.
En este ecosistema destaca Moeve Light Up, la aceleradora corporativa que en su primera edición este año ha seleccionado a 10 startups entre más de 400 candidatas. «Es una apuesta clara por tecnologías que aceleren la producción de moléculas verdes, como el hidrógeno verde y los biocombustibles, en línea con nuestra estrategia Positive Motion para 2030».
No solo buscan soluciones «verdes» o digitales, también de deep science, operativa industrial e incluso del ámbito jurídico-económico. «De hecho, hace dos semanas probamos la solución de la startup Visualfy, una tecnología que utiliza inteligencia artificial para traducir sonidos críticos en alertas visuales, mejorando la seguridad de empleados con discapacidades auditivas, y funcionó muy bien», explica Ayuso.
No obstante, el camino no está exento de obstáculos. El responsable expresa que las tecnologías más complejas, como las deeptech o cleantech, son las más difíciles de integrar por las exigencias industriales y certificaciones. «Por eso, pilotamos siempre para escalar», subraya, mencionando el uso de laboratorios de IoT y espacios de su Centro de Innovación ubicado en Alcalá de Henares (Madrid) para asegurar que el salto a la escala real sea seguro.
Y es que, para Moeve, el futuro no pertenece a una única solución, sino a un concepto multienergía. Ayuso coincide en que, a corto plazo, los biocombustibles 2G son la tecnología más madura, ya que pueden usarse en las infraestructuras actuales sin cambios. Sin embargo, advierte que «las materias biológicas tienen un límite de disponibilidad», lo que obligará a avanzar en la captura de CO2 y el hidrógeno verde.
En su centro de innovación, Moeve prueba varios métodos para «cazar» el CO2 y utilizarlo en la producción de combustibles renovables como e-fuels o fueles sintéticos, como el e-metanol, combustible sostenible de aviación (e-SAF) y gas natural sintético. Por su parte, el hidrógeno se perfila como «la solución para sectores donde la electricidad no llega, como el transporte marítimo o aéreo, donde no se pueden meter baterías».
Respecto a los costes, Ayuso es optimista: «A medida que vayamos escalando las soluciones y vayan viendo más proyectos en el mercado, los costes se van a ir abaratando. Va a ser a muy corto plazo». España, dice, tiene ante sí «una oportunidad única para liderar estas energías limpias gracias a su potencial en renovables», una idea que apoya en el informe ‘Políticas de Innovación para el desarrollo del hidrógeno verde’ realizado por Moeve en colaboración con una treintena de organizaciones y que, próximamente, publicará la Fundación COTEC.
Una de las principales conclusiones del documento es el buen hacer de Australia. Fundación COTEC ensalza el ejemplo de estrategia que desarrolla el gobierno de este país, que hoy ya produce el hidrógeno bajo en carbono con el precio más competitivo del mundo. Entre las políticas más efectivas señalan el impulso de la colaboración público-privada destinada a consorcios de centros regionales de hidrógeno.
En España, Moeve está impulsando proyectos tractores como el Valle Andaluz del Hidrógeno y la planta de biocombustibles 2G en Huelva. La suma de esta nueva infraestructura a las instalaciones que la compañía tiene activas en la zona, conformarán el mayor complejo industrial del sur de Europa de este tipo de biocombustibles. Por eso, Ayuso concluye señalando que «si combinamos la innovación, la industria y la colaboración, tenemos una oportunidad excelente para convertirnos en un referente en energías sostenibles».
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