Medio Ambiente

Los científicos descubren una nueva bacteria nociva en el Mar Menor

Colectivos y plataformas ciudadanas reclaman que se acabe con los vertidos que llegan a la laguna salada y que están provocando la muerte de uno de los ecosistemas más valiosos de la Región

Imagen del Menor donde se pueden apreciar los fangos en el agua y la arena
Imagen del Menor donde se pueden apreciar los fangos en el agua y la arenaLa RazónLa Razón

Por si no tuviera ya pocos problemas el Mar Menor, ahora científicos dedicados a estudiar la contaminación que existe en su agua y en el entorno han descubierto una nueva bacteria que vive sobre los residuos arrastrados de las zonas mineras que supone una amenaza peligros para el proceso de eutrifización de la laguna, diferente a los elementos que se conocían hasta ahora.

El equipo liderado por José Matías Peñas, especialista en Geoquímica Ambiental y en la transferencia de los contaminantes a la salud pública, ha aislado una bacteria que tiene la capacidad de oxidar los disulfuros de hierro (Fe) de los residuos mineros peligrosos sobre los que no se ha acometido ninguna labor de restauración ambiental.

Al mismo tiempo se ocupa de fijar nitrógeno en forma de nitrato. «Si tenemos en consideración que la tasa de erosión hídrica media anual es de 2.2 kilogramos por metro cuadrado y años, y que las concentraciones de nitratos halladas por acción de esta bacteria oscilan entre 300 y los 1200 miligramos por kilogramo, tenemos que los 22 millones de metros cuadrados afectados por estos residuos en las cabeceras de las ramblas de la ribera Sur del ecosistema lagunar no son nada despreciables en el proceso de eutrofización de la laguna».

El investigador incide en que los residuos erosionados presuponen, por sí mismos, un riesgo para la salud de las personas y los ecosistemas receptores de los mismos.

Peñas lleva alrededor de 20 años investigando los metales que desde las minas sin actividad de la sierra minera se depositan en la laguna salada por acción de las escorrentías que se producen especialmente cuando llueve de forma torrencial, como ha ocurrido en los últimos años.

Estos metales son sustancias tóxicas y cancerígenas que contienen arsénico, cadmio, plomo, zinc y uranio entre otros, que se están depositando en el fondo de la laguna y en la propia arena.

En numerosas ocasiones ha solicitado que se traten como residuos peligrosos y se depositen en los lugares especiales destinados a ellos. «Toda la arena que forman las playas desde Los Urrutias hasta La Manga contienen residuos mineros peligrosos, según estipula la normativa medioambiental europea».

Para el investigador, no solo es peligroso el nivel de residuos, sino también la superficie que cubren. «Los sedimentos arrastrados se quedan en las calles y en el suelo agrícola. Y donde llegan contaminan».

Cuando los metales se desplazan de su lugar original sufren un envejecimiento. «La reacción química de oxidación de estos residuos provoca que su composición original se modifique y se conviertan en sustancias muy peligrosas».

Los científicos han comprobado que existe transmisión a los organismos que se encuentran en la zona sur del Mar Menor.

También las algas se ven afectadas por estos metales pesados, por lo que consideran que también han de ser tratadas como residuos peligrosos y depositadas en vertederos para este tipo de elementos.

Peñas recuerda que el proceso de oxidación -envejecimiento- de los residuos mineros ahora se fija el nitrógeno atmosférico por la acción de esta bacteria y asegura que «con la legislación en la mano, todas las playas en el arco sur contienen residuos peligrosos que suponen un riesgo para la salud, especialmente para los niños que habitualmente juegan con la arena».

Las claves

Pacto por el Mar Menor defiende que se genere una franja de 3 kilómetros alrededor del Mar Menor en la que no se pueda cultivar. Un área de exclusión con bosques o matorrales que frene las escorrentías.

Los vertidos procedentes de actividades económicas de impacto sin tutela de la Administración y sin control, han llevado al ecosistema al límite.

Los residentes de la zona han manifestado su preocupación dado que su medio de vida está ligado a la salud de la laguna y denuncian la lentitud en tomar decisiones.

El planeamiento urbano desmesurado y sin control también es uno de los motivos de la degradación de uno los ecosistemas más importantes de Europa.