Si entra en tu casa con machetes, es amor

Ojalá siempre fuese así: en democracia si llaman a las seis de la mañana y no es el lechero, es que empieza la fiesta

DreamstimeLa Razón

Cuando oyó ruido cerca de su cuarto lo primero que pensó, con inocencia o con esa necesidad de agarrarse a lo seguro, a la certidumbre, fue que sería el típico amigo que llega a tu hogar a cualquier hora, se toma en serio esa frase ritual «de que estás como en tu casa» y abre la nevera, no se levanta del salón o se presenta siempre que no debe. Esta vez, sin embargo, era ya de noche, se había dormido incluso. Era raro que fuera un amigo. Aún así, con confianza, le dijo que no eran horas para presentarse en casa, que un poco de cortesía, por favor.

Pero dudó y puede que temblase un segundo después, cuando aún en medio de la oscuridad, una voz extraña dijo un nombre y preguntó si era el suyo.

Y no lo era.

Encendió la luz de la mesilla con urgencia, que todos buscamos un halo de visibilidad cuando el terror aparece de repente y casi no se puede pensar. Pero esa luz, a veces, sólo sirve para definir con más exactitud qué es lo que provoca el miedo.

Como sigue contando el periódico «The Guardian», no era, evidentemente, un amigo: había dos hombres en su casa, totalmente desconocidos y estaban parados, como a la espera.

Y por cierto, la luz encendida de la mesilla no permitía engañarse: llevaban dos machetes.

Sucedió en Australia. Dicen que en una democracia cuando alguien llama a la puerta de tu casa a las seis de la mañana, es el lechero. Sin embargo, a nadie se le ocurre abrir, porque la realidad es que nadie espera al lechero. Si te llaman a las seis de la mañana, sólo pueden ser malas noticias.

Y dice la teoría que cuando alguien entra en tu casa de noche, sin avisar, te despierta y lleva un par de machetes, lo que va a venir después no es nada bueno.

Sin embargo, pasaron unos segundos eternos y los dueños de los machetes seguían inmóviles, mucho más sorprendidos que amenazantes, como si estuvieran fuera de lugar. Y los machetes, mientras, seguían colgando hacia el suelo en sus pantalones.

Uno de ellos dio un paso.

Ahí estaba todo el futuro.

«Lo siento», dijo. Se habían equivocado y se marchaban. «Adiós», acabó el otro.

Un juez acaba de declararlos no culpables porque no tenían ninguna intención violenta. Que sí, que sí, que entraron en la casa, que sí, que llevaban dos machetes, pero la realidad es que nunca pensaron hacer daño a quien habían despertado.

Según la reconstrucción del caso que llevó a cabo la Policía y que ha terminado con la sentencia de no culpabilidad, esos dos hombres habían quedado tiempo atrás a través de Facebook, pero quien debía estar en esa casa cambió de dirección y, o no avisó o su aviso no llegó a tiempo.

No había ninguna intención criminal en su allanamiento de morada. Más bien lo contrario. Por eso también llevaban unas cuerdas.

Ojalá siempre fuese así: en democracia si llaman a las seis de la mañana y no es el lechero, es que empieza la fiesta.