Marlaska y Ábalos: elige tu propia aventura

Pleno del Congreso
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante un pleno del Congreso.Kiko HuescaEFE

Cuando era pequeña y me fascinaban los libros de “Elige tu propia aventura”, lo que más rabia me daba era que elegir una opción siempre implicaba descartar otra. Otra que podía ser mejor o peor, daba igual, pero que era diferente. Y a mí me fastidiaba muchísimo la sensación de perdérmela. Yo lo quería todo. Así que conforme leía el libro iba haciendo fichas, de manera que al final tenía todas las versiones posibles: abría la puerta y no la abría, tomaba y no tomaba la poción misteriosa, saltaba, corría, atizaba, besaba. Y también todo lo contrario.

Si hay algo que tengo que reconocerle a este ejecutivo nuestro es que es muy “Elige tu propia aventura” versión miniRebe. Nos ofrece todas y cada una de las opciones que podrían haber sido, para que no nos dé la ansiedad de mi infancia, para que no nos quedemos con el reconcome de qué habría ocurrido si en lugar de una cosa fuese la otra. Y sin necesidad de hacer fichas con los descartes. Porque aquí no se descarta nada.

La primera entrega, sorprendente por la novedad, fue con Ábalos y el affaire Delcy. Después de que un medio informase del encuentro del titular de Transportes con la vicepresidenta venezolana, el ejecutivo, ante la disyuntiva “si decides negar la cita ve a la página 3. Si prefieres reconocer que la hubo, ve a la página 5”, decidió ir a la página 3 y negarlo. En la página tres la historia continuaba con la afirmación de que Ábalos había acudido a Barajas a recoger a su amigo Félix Plasencia, ministro venezolano de Trabajo. Sin embargo, un ratico después, también fue a la página 5, en la que se reconocía el encuentro. Allí podía ir a la página 8, indicar que en realidad solo subió al avión a saludar un momento a petición de Plasencia, debido a que la vicepresidenta no podía pisar suelo español, y asegurar que fue un saludo forzado por las circunstancias, que tan solo fueron unos minutos. O bien ir a la página 12, reconocer que hubo encuentro, pero que fue a petición de Grande-Marlaska para evitar que Delcy bajara del avión y se produjese una crisis diplomática. Se eligieron las dos opciones, una detrás de la otra. Llegados a este punto, el encuentro duró más de veinte minutos y tuvo lugar en el avión, y también duró casi 25 minutos y se desarrolló en la sala VIP de la terminal ejecutiva del aeropuerto. Todo. Delcy Rodríguez había bajado y no había bajado, había sido un saludo fortuíto, una charla en el avión y un encuentro en la sala VIP. Todas las realidades posibles coexistiendo en Barajas pese a ser irreconciliables entre ellas. Os cuento el final: nadie dimite.

Yo pensaba que esto iba a ser una rareza. Una de esas ediciones curiosas que enseñas a las visitas o comentas con los amigos en las cenas. Pero no. Acaba de salir una segunda entrega y yo estoy entusiasmada. Esta la protagoniza Marlaska, que tenía un cameo en el segundo capítulo del primer volumen, cuando la llamada mientras Ábalos va en el coche hacia el aeropuerto. Así que, técnicamente, es un spin off.

Tras la destitución de Pérez de los Cobos, os cuento, la disyuntiva era si se debía a una falta de confianza, a un proceso natural de sustitución (vaya a la página 7), o bien debido a una reestructuración de equipos (vaya a la página 11). Marlaska eligió ambas. Primero una y, más tarde, la siguiente. Como si fuera mi yo del pasado o el Ábalos del presente. Una vez elegidas todas las opciones podía desvincularlas del informe de la Guardia Civil sobre el 8M y los datos que pudiera conocer al respecto el ejecutivo o bien achacarlo a que no evitara la filtración del mismo. De nuevo se eligieron todas las opciones.

Tras publicarse una nota en prensa firmada por María Gámez, directora general de la Guardia Civil, en la que se admite que su destitución fue debida a la negativa a informar sobre las investigaciones sobre el caso 8M. -petición expresa de la juez- Grande Marlaska realiza una elección inaudita: afirmar que, ahora y pese a todo lo sostenido hasta entonces, quien destituyó a Pérez de los Cobos fue el secretario de Estado a propuesta de la directora general. Si os habéis perdido, no os preocupéis. No se encuentran ni ellos.

Por si a la historia le faltaba un poquito de salseo, si no estaba ya suficientemente enmarañada la cosa, Pedro Sánchez, en un alarde de responsabilidad y alto sentido de Estado (ironic mode on) introdujo en su discurso el concepto “policía patriótica” para defender al ministro Marlaska. ¿Sugiere el presidente del gobierno que Pérez Cobos pertenecía a una brigada que actuaba casi como una organización criminal? ¿Insinúa que todas las dimisiones y destituciones posteriores también tiene que ver con eso? ¿Que los cuerpos de seguridad del Estado no merecen nuestra confianza? ¿Se puede destituir a alguien por una razón como esa y respetar al mismo tiempo su trayectoria, como afirmó Marlaska sin rubor? ¿En qué quedamos?

Si se tratase, como en mi infancia, de un libro que uno puede cerrar sin más y a otra cosa, hasta tendría gracia el descaro con el que se nos está contando una cosa ahora y más tarde la siguiente. Pero como patrón de comportamiento de un gobierno no deja de ser, como poco, irresponsable.

A este paso, además de “ni pena ni miedo”, Grande Marlaska va a tener que añadir a su muñeca un “ni vergüenza”.