“La repugnante política del odio”

Utilizar el odio en la crítica política no hace otra cosa que generar victimismo y adhesiones

La opinión de Francisco Marhuenda.
La opinión de Francisco Marhuenda.La Razón

Es lamentable que se utilice el odio en la crítica política, pero además es un grave error porque se convierte en una estrategia contraproducente. No hace otra cosa que generar victimismo y adhesiones. A esto hay que añadir las responsabilidades legales en las que incurren aquellos que las promueven. Es lo que ha sucedido en un vídeo en el que se ve a una persona disparar contra las fotografías de Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Irene Montero, Fernando Grande-Marlaska y Pablo Echenique. Es la expresión de un odio profundo y un deseo de provocación que dudo que comporte algún riesgo real, pero siempre es bueno prevenir e investigar. Nunca hay que minimizar, como sí ha hecho la izquierda en el pasado cuando afectaba a sus rivales, porque hay individuos que están mal de la cabeza. La abogacía del Gobierno ha actuado con rapidez, por cierto sorprendente, y presentará en las próximas horas una denuncia ante la Fiscalía para esclarecer los hechos e identificar a estos sujetos. Desde luego no es libertad de expresión y hay que estar muy mal de la cabeza para tener tanto odio en su interior.

Como era previsible, ha dado bazas para el habitual ejercicio del victimismo y ha puesto en marcha el poderoso aparato de propaganda gubernamental. Ahora tienen el argumento sobre la violencia de «los sectores más ultras de la sociedad». El odio siempre me ha parecido reprobable, pero cabe recordar que cuando la izquierda radical se dedicaban a promover páginas web con campañas de «odiar a…». En este ámbito de un odio injustificable estaban también sus escraches, el acoso en las universidades, los ataques en las redes sociales o la criminalización de algunos políticos que no les gustaban del PP o del PSOE. Las redes están llenas de videos de los políticos de Podemos, antes de convertirse en casta e integrarse felices en el sistema, donde decían auténticos disparates. Si todo esto me parecía entonces muy mal, la actuación de esos energúmenos disparando a políticos de izquierda me genera el mismo rechazo. Es, simplemente, repugnante. Tratan de buscar esas trincheras del odio que tanto gustan a los ultras de izquierda o de derecha. Es triste comprobar que el enfrentamiento irracional y el insulto han irrumpido en el Congreso, aunque no con esa virulencia. Era un lugar donde siempre se habían guardado las formas. No era idílico, pero había mayor nivel en las críticas. Hay una gran ausencia de talento.