¿Qué somos, gatos o panteras?

Ya sospechábamos todos que en algún momento de 2020 tenía que cruzarse por delante un inmenso gato negro

Saltaron las alarmas, porque este año todo es posible. Una pantera había sido avistada, como las ballenas cuando se acercan a la costa, o más bien percibida, en Las Ventas de Huelma, una pequeña localidad de Granada. Los ayuntamientos de la zona y la Guardia Civil pidieron a los vecinos que no se aventurasen por el monte, que ya tenemos bastantes desgracias. Al primer testigo del animal salvaje se sumaron otros que aseguraban haberse quedado congelados ante el depredador.

Patrullas de seguridad ciudadana y el Seprona, con helicóptero incluido, peinaron la zona. Como las panteras cazan de noche, equiparon con cámaras térmicas el terreno boscoso. Incluso disponían de una trampa para grandes felinos y un rifle anestésico para tratar de capturar vivo al animal. 

Se habla del largo porte del felino, de su rabo largo y la mirada aguda. Es de gran tamaño y huidizo, como toda criatura salvaje, y los 600 habitantes del pueblo contienen la respiración mientras otra desgracia se va difundiendo. Tras varios días de rastreo en la zona no se encuentra la menor pista y los vecinos están asustados. Hasta que aparece en escena un fotógrafo profesional para romper el hechizo. Equipado con su cámara con teleobjetivo, lo captura. Bueno, al animal no, a su estampa. Y mirando bien las fotos resulta ser un gato doméstico. «Todo lo que nos contaron los diferentes testigos coincidía, por eso le dimos mucha credibilidad. Habían visto al animal cerca del Ayuntamiento y por el Castillo. Unos incluso la estuvieron siguiendo con prismáticos», dijo el alcalde de Ventas de Huelma, Luis Miguel Ortiz, al diario «Ideal» de Granada.

Aunque es cierto que la Guardia Civil no ha descartado que pueda haber una pantera fugitiva en alguna parte de los montes, la historia parece que se queda reducida a la más vieja de la Humanidad, la de los sentidos que nos fallan. Cuántos Yetis y monstruos del Lago Ness nos hemos tragado de oídas. Aquí podríamos hacernos los guapos y decir que no podemos ser tan crédulos (una pantera pesa cien kilos y el gato más gordo de una tía abuela no pasa de la quinta parte), que si el cuento de Pedro y el Lobo y tal. Pero a mí lo que me ha gustado de todo esto es que un testigo se disculpaba señalando que el gato posaba con apostura y gallardía ante las miradas humanas. Me encanta pensar que el gato quería ser pantera, se lo creía tanto que se crecía delante de los ojos de su público y que así engañó a todo el mundo. Quiero ser ese felino valiente que sueña pantera. En todo caso, ya sospechábamos todos que en algún momento de 2020 tenía que cruzarse por delante un inmenso gato negro.