La catástrofe de Venezuela

Chávez y sus compinches llegaron al poder tras deslegitimar las instituciones y denostar al «sistema»

FOTO: Ariana Cubillos AP

Venezuela es una nación hermana con la que tenemos vínculos profundos, por supuesto, históricos, pero sobre todo sociales, económicos y culturales. Es un país con grandes recursos naturales, pero el chavismo lleva décadas esquilmándolo hasta la extenuación. El nivel de corrupción es el habitual cuando gobiernan grupos autoritarios y comunistas, aunque ahora se llaman bolivarianos, lo que es un insulto grotesco para Simón Bolívar. Al corrupto e ignorante Chávez, que además era un golpista, le sucedió ese personaje nefasto como Maduro, que es más zafio que su mentor. La UE no ha reconocido el resultado de las legislativas promovidas por el régimen del patán enfundado en un chándal hortera. Es lo que corresponde ante el pucherazo que se ha vivido en Venezuela y en el que la oposición no ha participado para no legitimar la farsa populista. El saqueo lleva produciéndose desde que Chávez alcanzó el poder y convirtió el país en una finca particular para sus amigos y aliados. Decenas de miles de millones de dólares manchados con la sangre del sufrido pueblo venezolano han desaparecido de las arcas públicas.

Chávez y sus compinches llegaron al poder tras deslegitimar las instituciones y denostar al «sistema», es decir, a la clase política tradicional acusándola de corrupción. Lo mismo que ha sucedido en España con el acoso a la Corona, la exageración de la corrupción, los ataques contra el «régimen del 78», la Constitución y los partidos. En ambos casos, las crisis económicas han favorecido a la izquierda populista. No hay nada peor que los salvadores de la patria, sin importar que sean de uno u otro signo. Hay que combatir con firmeza los populismos, porque solo buscan implantar regímenes autoritarios como ha sucedido en Venezuela. Los «hijos» del populismo, el comunismo y el caudillismo hispanoamericano no pueden dar lecciones de democracia. Hay que mantener la firmeza frente al golfo de Maduro, que no tiene ninguna legitimidad para seguir en el cargo, y sus conmilitones. A la UE y Estados Unidos no les tiene que temblar la mano a la hora de imponer sanciones y aislar a este régimen corrupto y autoritario. No me sirve la excusa de que lo sufre el pueblo venezolano, porque eso es tanto como aceptar que las dictaduras son formas legales de gobierno y que la persecución de los políticos y disidente son un instrumento de acción política. Es duro normalizar las relaciones con China, Cuba, Irán y otras dictaduras, pero no seríamos demócratas si diéramos la espalda a nuestros hermanos venezolanos legitimando a Maduro y sus corruptos colaboradores.