Socios que no se hablan

En cuanto a convicciones morales y básicos planteamientos políticos, los dos son casi lo mismo

Carmen Morodo

Los dos se necesitan, pero no se hablan. O eso dicen en el entorno de uno de ellos. En el del otro, sin embargo, sostienen que sí que hay relación, a pesar de todo, y que no se han cortado todos los puentes... Quizás porque piensan que el día que se sepa que no se hablan, entonces tendrán un problema porque su futuro depende de que la gente siga confiando en que la alianza entre los dos puede ser útil.

En cualquier caso, las cosas no están como cuando los dos entraban con discreción en el hotel Santo Mauro, en Madrid, para almorzar juntos y repartirse los «papeles» en la batalla común contra el Gobierno de Sánchez. Pero no puede haber ruptura porque están condenados a entenderse, quieran o no quieran. E incluso es muy posible que, de la amenaza de ruptura, si se ve que perjudica a la posibilidad de la alternativa al Gobierno de coalición, gane más el que lidera las encuestas que el que va por detrás.

Por supuesto, para sus votantes, que la relación personal exista o no es irrelevante. Lo importante es que sean capaces de ofrecer o acordar. Y todo indica que estarán obligados a hacerlo si no quieren que la historia se los lleve por delante.

Llama la atención que el factor personal pueda más que el político, porque el que lidera las encuestas dice que ellos hablan con todos los demás partidos, pero porque todos los demás sí saben dónde está cada uno. Y no así el amigo del pasado.

Los dos llevan mucho tiempo en política. Crecieron juntos y compartieron hasta los mismos padrinos y madrinas. Y quienes llevan conociéndolos desde que era jóvenes promesas del ala dura sostienen que son mucho más parecidos de lo que pueda parecer. Sólo que uno se modera, para atender al centro, y el otro, sin embargo, exagera sus posiciones en un guion que dirige bien la pareja que mueve los hilos en la sombra. Pero en el fondo, en cuanto a convicciones morales y básicos planteamientos políticos, los dos son casi lo mismo.

Si en su día quien mandaba en el partido no hubiera arrinconado al que hoy está fuera, y éste no hubiera sentido la necesidad de vengarse de lo que entendió como traiciones internas, la historia podría haberse escrito de una manera muy distinta. Y los dos seguirían siendo buenos colegas, de los de vacaciones juntos en familia. Y hasta podría ser que estuvieran en el mismo equipo de dirección en la batalla por La Moncloa.