Política adulta

Es mucho lo que está soportando la sociedad española, que empieza a sentirse desesperada por la falta de respuestas del Gobierno

FOTO: POOL REUTERS

Por si no tuviéramos bastante, el Gobierno acaba de descubrir, con el paro de los transportistas, que las huelgas no le gustan. Y, como hace con todo lo que no le complace, ha encontrado rápidamente un culpable externo, al que, sin ofrecer ningún tipo de prueba, ha tildado directamente de ultraderecha. No se trata de una huelga contra Rajoy, ni siquiera contra la Comunidad de Madrid, y por tanto no hace falta legitimarla desde el heroísmo, la lucha o la revolución. El clásico marasmo de contradicciones de la izquierda española, en el que, al final, en el modo parche que les caracteriza, ponen más de 20.000 agentes del orden a trabajar para defender el derecho al trabajo y el funcionamiento de las cadenas de distribución, dejando totalmente al desnudo aquella incomprensible reforma exprés del Código Penal con la que la izquierda coaligada dejó impune la violencia de los piquetes sindicales.

Un síntoma más de la incapacidad para gobernar España del actual presidente, que sigue aliado con los partidos contrarios al sistema y a la Constitución, que continúa refugiándose en las peores coartadas y que se mantiene firme en la elusión de cualquier decisión responsable y necesaria. El peor Gobierno posible, en el momento que exige mayor madurez política y altura de miras, que no acaba de tomarse en serio el tema de la bajada de impuestos. Alemania, Italia y nuestras vecinas Francia y Portugal ya aplican desde hace semanas rebajas fiscales en algo tan clave como el combustible. Aquí, el presidente, que utiliza la situación mundial como excusa, parece dispuesto, sin embargo, a aprovecharla para engordar la recaudación de impuestos, aunque sea a costa del empobrecimiento del país, con la anuencia de una inflación galopante.

Es mucho lo que está soportando la sociedad española, que empieza a sentirse desesperada por la falta de respuestas del Gobierno. Por eso ha llegado el momento de la política adulta, sí, y de un proyecto serio, capaz de aliarse con lo que nos une, mejor que con lo que nos divide, de pactar con las necesidades de los españoles, y de aliarse contra los problemas que acucian a nuestra sociedad. Algo que empieza a dejar de ser una idea abstracta, porque la alternativa se está concretando precisamente en estas semanas en el escenario político ante los ojos de todos los españoles. Poniendo en evidencia, todavía más claramente, que tenemos un Gobierno que sigue llegando tarde y mal a todo, y que, ahora, en un contexto, de verdad, de urgencia y necesidad, dice que hay que esperar 15 días más. Algo que no nos podemos permitir, porque lo verdaderamente urgente y lo auténticamente necesario es que Sánchez deje de darle largas a la rebaja fiscal, y que afronte un plan de choque, sin cálculos ni dilaciones, para defender nuestra economía, y a todos los sectores productivos, frente a los retos y tensiones a los que están sometidos y a la amenaza de una grave crisis. Para ello es imprescindible que sepa detectar claramente, entre los partidos políticos del arco parlamentario, cuál es siempre leal con el Estado y fiel a la idea de una España constitucional, para ser capaz de negociar con él lealmente, sin pedirle contratos de adhesión ni cheques en blanco.

Como dejó escrito Cervantes, «no puede impedirse el viento, pero hay que saber hacer molinos». Una idea que está en la base de todo buen Gobierno, pero que debe ser la plataforma del diálogo adulto que necesita España para afrontar el futuro, algo de lo que en este momento carecemos y lo estamos pagando muy caro. España necesita un gobierno serio, adulto y responsable.