Dolor en la fiesta de la Ascensión

Jorge Fernández Díaz

La actualidad informativa no da ni un minuto de tregua en la difusión de noticias que, cada una en su plano y grado correspondiente, no alegran ni ayudan precisamente a serenar el espíritu. A nivel internacional, los Estados Unidos vuelven a ser protagonistas de una masacre, en esta ocasión provocada en una escuela en el estado de Texas. Ayer un joven exalumno entró libremente en ella armado con un rifle, y asesinó nada menos que a 19 niños y 2 profesoras. La dimensión de la masacre ha conmocionado al mundo entero, que no entiende cómo se puede adquirir un arma así y tener licencia para llevarla y usarla con la misma facilidad con la que entre nosotros lo hace un adolescente con un rifle de juguete.

Difícilmente puede envidiarse o querer imitar un «way of life» que permite semejantes salvajadas. En EEUU el negocio de la compraventa de armas genera 50.000 millones de dólares al año, y el lobby de la Asociación del Rifle tiene un enorme poder político que utiliza con suculentas donaciones a los candidatos afines en las campañas electorales. Da una idea del estado de la cuestión y los valores dominantes en la sociedad estadounidense saber que allí hay registradas más armas que teléfonos móviles.

Para fijar una regulación adecuada a la evidencia de que hoy no es aceptable ese estado de cosas, se necesita que un 60% de los senadores apoyen una iniciativa legislativa. El Senado federal de Washington lo integran 100 senadores, mitad demócratas y mitad republicanos; lo que ahora bloquea toda iniciativa al respecto. Al menos hasta hoy, porque ya son demasiadas las masacres de este tipo ocurridas en escuelas, centros comerciales… Sin duda, esta cuestión va a ocupar un papel importante en las elecciones legislativas de mitad de mandato de este año, referencia directa para las presidenciales del 5 de noviembre de 2024.

Todas estas desgracias nos inspiran a mirar hacia lo Alto para no perder la esperanza en un mundo más justo, libre y, sobre todo, en paz. Hoy es un día particularmente adecuado para hacerlo, pues es uno de esos «tres jueves del año que relumbran más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión», como cantábamos los niños en el colegio. La Ascensión del Señor a los Cielos es festivo nacional en numerosos países del mundo cristiano occidental y en particular en doce de la UE. Que, pese al dolor por Texas, podamos gozar de este Jueves de la Ascensión.