19-J

Ser de izquierdas en Andalucía

Al PSOE (y no sólo) le toca repensarse y ofrecer algo real

Toda la campaña se ha pasado la izquierda (PSOE y confluencias de ultra izquierda) repitiendo el mantra de «Que viene Vox». Todita la preparación electoral han reiterado que votar al PP es aupar a Santiago Abascal a San Telmo. Pues ahora llega el momento de señalar los planes de futuro... y la izquierda coincide en que NO va a ayudar a Juanma Moreno a gobernar a solas. No soy amiga de los cinturones sanitarios en democracia, si un partido es constitucional y se presenta, estigmatizarlo es un error. Pero lo que no entiendo en absoluto es hacer una cosa y su contraria. En Alemania y en Francia los partidos impiden la llegada al poder de la ultraderecha, y son consecuentes. Aquí sólo se vocifera contra Abascal, luego se mira al tendido. Al final, si los populares no consiguen superar en voto a la izquierda, no podrán gobernar y estaríamos abocados a una nueva convocatoria de elecciones. Absurdo.

En este fin de semana de calor, se ha reiterado hasta la saciedad que el gran enemigo de la participación electoral es la abstención. En el puente del Corpus, con un calor histórico en junio, las playas se han llenado y la gente ha abandonado las ciudades. ¿En qué medida irán a votar tras tomar las aguas y el sol? Lo veremos mañana. Además, la izquierda puede ver aumentada su abstención por el desaliento electoral y la derecha, por exceso de confianza, debido a las magníficas encuestas. Sin embargo, si alguien lo tiene duro para acercarse a las urnas es, a mi juicio, el votante honesto de izquierdas. Por tres razones principales. Primero, porque hay una terrible zozobra económica (nacional e internacional) y Moreno lo ha hecho bien en las cosas de comer. En España sólo se habla del precio de la gasolina, la luz, el gas y las hipotecas. Segundo, porque Juan Espadas se ha demostrado un candidato poco capaz. Y, tercero, porque no se puede apelar a la moderación y después dejar solo a Moreno frente al que has pintado como terrible enemigo, Macarena Olona. La duda es si el PSOE mantendrá su suelo electoral del 25 por 100 de los votos y los 33 escaños o si el sufragio socialista se precipitará. Es alucinante que uno de cada diez votantes del 2018 puede irse al PP.

En estas elecciones, el Partido Popular ha tenido dos aliados inesperados. Por un lado, la caída de Ciudadanos. Inés Arrimadas lo ha hecho tan mal que los votos de la formación naranja han ido en muchos casos al partido azul. Por otro, la campaña inadecuada de Macarena Olona, torpe e ideológica, con posturas demasiado extremadas para Andalucía e incapaces de sintonizar bien la inevitables bolsas de descontentos. Vox no ha entendido en esta campaña que su enemigo no era Moreno, sino la izquierda. Y ni siquiera la entrada final de Santiago Abascal, que acudió a tapar fuegos y se multiplicó, ha conseguido mejorar las expectativas.

Al final, esta historia de Andalucía (que tendrá nuevos capítulos en las elecciones generales y en el futuro del PSOE a medio plazo en España) nos ha representado la historia del rey desnudo. Ese que repetía que iba magníficamente engalanado y que fue descubierto cuando el único valiente, el que no se plegó al régimen cortesano de la adulación, señaló que el rey no iba vestido, sino en bolas completas. Véase lo ocurrido en la autonomía más grande: que los votantes estaban convencidos (¡durante cuarenta años!) de que el PSOE garantizaba la convivencia próspera en Andalucía, sin que hubiese prosperidad. Cuando han percibido que su vida no sólo no peligra, sino que mejora con otro partido, el mito se ha venido abajo. Al Partido Socialista en Andalucía (y no sólo) le toca repensarse. Ofrecer algo real. Bajarse de miedos y amenazas y dejarse de tretas fundamentadas en las galas del rey, que no existen.