Ángela Vallvey

Abusos

La Razón
La RazónLa Razón

Al parecer, hay tantos casos de abusos a ancianos, a quienes roban todo lo que tienen, incluida su dignidad, que en 2010 Guardia Civil y Policía Nacional pusieron en marcha un plan provisional para proteger a personas vulnerables, llamado Plan Mayor Seguridad, que han tenido que prorrogar en el tiempo. ¿Qué dice esto de la situación, qué está ocurriendo? ¿Qué tipo de sociedad supuestamente desarrollada, relativamente rica, y avanzada, abusa de los débiles...? Porque a pesar de los sensibles efectos de la recesión, España es un país próspero dentro del concierto mundial, un lugar en el mundo que destaca por su solidaridad, que siempre lo ha hecho: tiene una larga y avalada tradición en ello. Sin embargo, el abuso de las personas más desprotegidas y vulnerables se empieza a convertir en algo tristemente frecuente. Abusar es ejercer una forma de violencia, que puede que no deje rastros de sangre, pero que no por ello es menos feroz y cruenta. Ejemplos míticos de vulnerabilidad son el talón de Aquiles y la cabellera de Sansón. De Aquiles, hijo de Peleo, rey de Tesalia, y de Tetis, se cuenta que su madre lo bañó en la Laguna Estigia para hacerlo invulnerable, sumergiendo todo su cuerpo, que quedó protegido para siempre, excepto el talón por el cual lo sostenía ella. Siendo adulto, Aquiles se enamoró de Polixena, hija de Príamo, y la pidió en matrimonio. Pero su futuro suegro no estaba dispuesto a consentir el enlace. Cuando iba a casarse con la muchacha, Príamo le clavó una flecha en el talón (vulnerable) y acabó con su vida. En esta sociedad, el talón sensible es la vejez, o cualquier otro tipo de debilidad. Los niños, los ancianos, buena parte de las mujeres, y los animales, suelen ser pasto de abusos, cada vez con más irresponsabilidad. No puedo decir aquí, con palabras precisas, la opinión que me merecen quienes abusan de los débiles porque me meterían «a mí» en la cárcel. Sí puedo meditar en voz alta sobre el hecho de que hay violencias de baja intensidad aparente que, sostenidas en el tiempo, acaban por «normalizarse», generando insensibilidad social. Hay pueblos en el mundo que practican el maltrato como costumbre, y ni siquiera está mal visto explotar, lastimar y oprimir a quienes no pueden o no saben defenderse. Sitios donde ejercer microviolencias acaba convirtiéndose en un espeluznante derecho. La ley, y el camino, de la barbarie.