Enrique Miguel Rodríguez

Acojonadito me hallo

La Razón
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Ha sido tan doloroso y tan grave lo ocurrido en París con los sangrientos atentados que en estos días he preferido dedicarme a temas agradables para contrarrestar la magnífica información que sobre el tema les ofrecía este periódico –y continúa ofreciendo, porque la actualidad sigue pasando por la capital francesa–. Pasado un tiempo prudencial, desde el punto de vista de un ciudadano de a pie, quiero hacer una reflexiones. Vivo en mi tierra de nacimiento y de mi devoción, Sevilla, capital de la comunidad andaluza, que en una especie de reconquista los yihadistas reclaman –aunque ayer mismo el ministro de interior explicaba que cuando se refieren a Al-Andalus, lo hacen al país en general–. Aflora el natural egoísmo, que además se acrecienta si tienes la suerte de vivir en el mundo VIP, porque al fin de cuentas vivir siendo ciudadano de España y de la Unión Europea –que a pesar de la crisis es el espacio que garantiza mayor libertad, mejor educación, mejores servicios y mayor bienestar general– es sin duda alguna un gran privilegio. Cuando ves que partidos de fútbol de selecciones como la de España o Alemania son suspendidos, cuando aeropuertos, y fronteras se convierten en jaulas que tratan de garantizar la seguridad, cuando hay que emplear grandes recursos para que la vigilancia y la información sean inmejorables, y así podríamos enumerar mil detalles más, piensas que no hay que engañarse: el terrible enemigo está consiguiendo lo que pretende, mantener asustados a los ciudadanos libres del mundo.

Las cabezas son ordenadores que se disparan y los pensamientos menos halagüeños empiezan a proyectarse en tu pantalla situada a la altura de tu frente. En plenas navidades, con las aglomeraciones que se producen, intentarán algo, pues se nos dice que no es una guerra religiosa la que estamos padeciendo pero los terroristas matan de formas atroces al grito de Alá, de Mahoma o del Corán.

Se está ya pensando en cómo coordinar mejor la seguridad en la Semana Santa. ¿Qué pasaría a la menor alarma por el tema islámico? Lo escrito, nos tienen con el miedo en el cuerpo, porque las grandes palabras importan mucho, pero el día a día no se puede vivir en plan heroico. Lo que procede es hacer algo y pronto, que devuelva la pelota al tejado de los malos y que sean ellos los que se llenen de temores.