Amigos en el mundo artístico

La Razón
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Hace poco me pedía consejo un joven artista sobre una delicada situación con un crítico supuestamente amigo. Si para todos es difícil tener amigos –lo que significa hacerlos y conservarlos– mucho más lo es tenerlos dentro de una misma profesión. A lo largo de los ya más de cuarenta años que llevo en el mundo musical he conocido a muchas personas. Algunas las conocí cuando no eran populares y tras subir al Olimpo no volvieron a bajar a la tierra. Una vez celebraba con un amigo el haber llegado al sitio por el que había luchado infructuosamente hasta entonces. Le dije: «Enhorabuena aunque esto sea el principio del fin de nuestra amistad. Dentro de un tiempo sólo querrás por amigos a los que sean capaces de decirte lo que quieras escuchar y sobraremos los que te importunemos con verdades incómodas». No me equivoqué.

Otro, con el que mantuve siempre una buena relación, también llegó a ocupar un puesto de privilegio en el mundo musical. En nuestra última cena, nada más ser nombrado, le advertí: «Ahora no todo será un camino de rosas y espero que sepas llevar bien mis críticas». No hubo más cenas mientras estuvo en el cargo y tampoco después. A muchos les tiendes la mano y ofreces ayuda cuando llegan a una nueva responsabilidad. Luego nunca te la piden, pero se molestan y hasta te retiran el saludo si no ves con buenos ojos todo lo que hacen y te atreves a escribirlo. Algunos se aproximan con la vana idea de ser juzgados con mayor benevolencia y al comprobar que nada tienen que ver los churros con las merinas, se retiran no sin cierto rencor. Otros pretenden y algunos lo consiguen utilizar al crítico para llegar a olimpos que no están al alcance de su mano y, con frecuencia, cuando tocan el cielo deja de tener ya interés el intermediario.

Incluso existen amigos a quienes les da apuro mantener una charla contigo porque tienen algo que ocultar, algo que preferirían que tú no supieras y, por vergüenza, aparecen y desaparecen como el Guadiana. Luego, claro, están los falsos amigos, los que quieren simular que lo son, pero a estos es fácil distinguirlos e incluso producen comicidad.

Todo esto lo sabe cualquier crítico maduro y no es de extrañar –le expliqué al joven artista del inicio– que se pongan distancias por en medio. Siempre habrá amigos y enemigos en este mundo común, lo importante es que todos reciban del crítico las mismas oportunidades y criterios objetivos. Y, siendo así, no siempre se entenderá cuando se alabe a un enemigo o se critique o silencie a un amigo. Hasta habrá quien buscará inútilmente porqués que son inexistentes. A todos ellos, ya sean unos u otros, mis mejores deseos para estas Navidades.