Aquí no hay quien mande

Comenzó el romance Racing-Ali Syed, la pesadilla, hace dos años, el 28 de enero de 2011, cuando Ahsan compró el club después de frustrarse idéntica operación con el Blackburn Rovers. En Inglaterra al indio le vieron el plumero y en España le recibieron como si en su misteriosa personalidad coincidieran Melchor, Gaspar, Baltasar, Papá Noel y Mr. Marshall. Mientras preparaba minuciosamente el timo, al más puro estilo Newman-Redford en «El Golpe», anunciaba el pícaro Ali múltiples inversiones y proyectos. Al despacho del alcalde de Santander envió como avanzadilla cuatro acémilas para inspeccionarlo. Fueron despedidos con cajas destempladas. Mas entró Ali, que iba a contratar para diversos fastos a «Pi» (Penélope Cruz) y a George Clooney. Olía a chamusquina. Pero consiguió adquirir el 80 por ciento de las acciones del Racing. Al constructor Jacobo Montalvo, que tuvo que hacerse cargo del club porque alguien con mando en plaza le amenazó con no dejarle «hacer una puta obra ni en Santander ni en toda España» si no lo compraba, le iba a pagar siete millones; no le transfirió ni los 750.000 euros de la señal. Entre tanto, Miguel Ángel Revilla se deshacía en elogios hacia el Rey Midas: «Hemos acertado con este hombre, solvente y sabio». Cuando el entonces presidente cántabro descubrió que el «hombre era un mangante y no un magnate» y que las denuncias inundaban los juzgados, era tarde. Hoy, en su centenario, en el Racing no hay quien mande de verdad ni quien compre. El indio no da señales de vida.