Barcelona

Que nadie tenga dudas, la gran perjudicada del proceso separatista en Cataluña ha sido la marca Barcelona. Hasta hace unos meses estaba en el «top ten» de los destinos turísticos.

Una plaza que combinaba el placer con la cultura, el mar con Gaudí, las tapas con el Barça y la fiesta con la investigación.

Era la mejor marca de España a nivel internacional.

Una proyección ganada a pulso por un reducido grupo de personas, entre ellas Juan Antonio Samaranch, que culminó en unos juegos olímpicos que proyectaron a la ciudad al primer plano internacional... hasta que el nacionalismo decidió destruir la imagen de Barcelona.

A diferencia de Madrid, no se le permitió anexionar los nuevos municipios circundantes que crecieron en la década de los años 60 del siglo XX, y es que las últimas anexiones se remontan a Sants, Les Corts, Gracia, Sant Gervasi, Sant Martí de Provençals y Sant Andreu de Palomar en 1896, Horta en 1904 y Sarrià en 1921.

La Corporación Metropolitana de Barcelona (CMB) fue una entidad supramunicipal creada en 1974 para administrar los 26 municipios que formaban parte de la Entidad Municipal Metropolitana de Barcelona y que fue suprimida por las exigencias del supremacismo nacionalista de Jordi Pujol, que veían con temor como la marca Barcelona eclipsaba el proyecto secesionista que pergeñaban la familia del oasis pestilente.

Con la voluntad nacionalista de crear «Un sol poble» a imagen de la Catalunya mítica y rural, la mayor parte de los municipios que habían pertenecido a la extinta CMB, se asociaron en la Mancomunidad de Municipios del Área Metropolitana de Barcelona, MMAMB, para la ejecución en común de obras de urbanización y de infraestructuras, para la gestión de espacios naturales supramunicipales y para la redistribución de la dotación presupuestaria del Estado.

El proyecto «Tabarnia» ha mostrado la capacidad de empatía de una parte muy importante de la población catalana hacia un proyecto que rompa la visión idílica y supremacista de un nacionalismo de corte rural y anclado en el romanticismo del pasado siglo XIX y que ha mostrado su peligrosidad en la actualidad, en pleno siglo XXI.

Tabarnia es una broma muy seria. Pero hacer de Barcelona capital de España y una ciudad autónoma, tal vez no sea una broma. Reflexionemos.