Bon Nadal

La Razón
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De la Supercopa, en agosto, a la decimoséptima jornada de Liga, en diciembre, noche y día. El avasallador, subyugado. El avasallado, pletórico. El Madrid, con octanaje abreviado; el Barça, paciente y respondón. Y las expectativas, cumplidas; mereció la pena el partido. Hubo intensidad, fútbol, jugadas delicadas que no influyeron (?) en el resultado; ambientazo a la una de la tarde; un equipo mejor en el primer tiempo y otro vengador en el segundo. Lo peor de todo, que en vísperas de Nochebuena, el campeonato, si no está resuelto le falta un leve empujón. Bon Nadal, por tanto.

Es lo que prevalece.

Después de padecer el Espanyol-Atlético, el clásico fue un regalo que, posiblemente y como suele ocurrir, no cumplió todas las expectativas, más entretuvo. Lo que pretendía ser un duelo entre Ronaldo y Messi, lo desactivó Zidane a medias al alinear a Kovacic –ni Isco ni Bale desde el principio– para «secar» al argentino. Inteligente jugada. Si Messi no interviene, el Barça cede, hasta que las decisiones importantes llegan tras el descanso. Al principio ganó protagonismo Cristiano. Hiperactivo, estajanovista, ambicioso e incordio, también reivindicativo. Pretendía demostrar que como él no hay ninguno, ni Messi, que el «The Best» y el «Balón de Oro» es él, el «Number One», condición y calidad que merecen un reconocimiento, sugiere. Y en ebullición lanzó su mensaje al palco, «más guita».

Pero hubo descanso, un cuarto de hora de reflexión que Valverde aprovechó para cambiar el encuentro. Avanzó posiciones, adelantó la presión, retrasó unos metros a Messi y se dispuso a ganar. Desactivó al Madrid. El Barça cogió la batuta, mostró su calidad y sus posibilidades y Suárez, tras una medida combinación entre Rakitic y Sergi Roberto, heló el corazón del Bernabéu. Luego llegó el penalti desesperado de Carvajal y la expulsión. Messi no falló. 0-2 y con media hora por delante, diez contra once. Probablemente la suerte de la Liga estaba echada antes del 0-3 final.