Capitalidad

La Razón
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Vitoria, tan despreciada –por burgalesa- por Sabino Arana y el vizcaitarrismo, salvó los muebles de la ancestral enemistad entre Guipúzcoa y Vizcaya. Y se optó por designarla Capital de la autonomía vasca. Bilbao no aceptaba a San Sebastián y la bellísima ciudad donostiarra no admitía a Bilbao. Quedaron en tablas con una Capital, que tanto los vizcaínos como los guipuzcoanos consideraban de segunda división. Algo parecido, pero con más consistencia histórica y artística se produjo en Galicia. La Coruña competía con Vigo, y para evitar roces y asperezas, la lógica se decantó por Santiago de Compostela, la localidad gallega más universal y visitada. Y parecida sensatez se aplicó en Extremadura, donde Cáceres y Badajoz competían en méritos. Y se eligió a Mérida, Emérita Augusta, como Capital de Extremadura.

Me adelanto a un problema que puede hacer saltar por los aires la unidad del independentismo catalán. Tarragona no parece inclinada a disputar la capitalidad de la autonomía de Tabarnia a Barcelona. Barcelona es mucho, sin por ello pretender disminuir la dignidad a Tarragona. El enfrentamiento se dará en la República de Cataluña, con Lérida y Gerona enconadas por alcanzar la capitalidad republicana. Sus méritos son similares. Lérida aporta la más alta producción de peras de agua de lo que fuera el reino de España, y es simultáneamente la mayor productora de ganado porcino y sus derivados de la península ibérica. De cerdo blanco, que en España se considera un cerdo de regular prestigio. Sucede que en Tabarnia prefieren el jamón de cerdo ibérico, el de dehesa y bellota, el de capa oscura, y el cerdo blanco se lo tendrán que comer los ilerdenses. La Pera de agua es otra cosa. Pero Gerona reivindicará la capitalidad por su capacidad para atraer el turismo a disfrutar de su maravillosa Costa Brava. Y se van a liar a palos. En España somos así, y aunque mucho les desagrade, Lérida y Gerona serán ciudades españolas hasta que sea proclamada la mutilada República. Un dato a tener en cuenta. Uno de los enclaves más históricos, artísticos, épicos, arquitectónicos y de belleza natural en España, después de cinco siglos de majestuosidad, turismo, leyenda y pasmo, se divide en dos municipios que se niegan a dar su brazo a torcer. En más de quinientos años, El Escorial y San Lorenzo del Escorial se mantienen divididos. El límite de los dos municipios lo traza una línea imaginaria en la fachada sur del descomunal Monasterio levantado por Felipe II para conmemorar la Batalla de San Quintín con el proyecto del arquitecto don Juan de Herrera, hijo del valdáligo barrio de Movellán, poniente de La Montaña santanderina. Y en quinientos años, los del Escorial y los de San Lorenzo no se han puesto de acuerdo, cuando tampoco lo harán los de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, que se separan por el paso de peatones de los semáforos.

Tarragona, que tiene acueducto romano como Segovia , y es una ciudad de gran belleza y proyección, no tiene fuerza para disputar la capitalidad de la futura autonomía española de Tabarnia a Barcelona. Tabarnia se conformará desde el Delta del Ebro – el Íbero romano-, hasta el límite costero de Barcelona con Gerona. Y del norte de Lérida, República Independiente de Cataluña, se desgajará el Valle de Arán, que ya ha anunciado su intención de integrarse en Aragón.

Cumplida su pena por rebelión sedición, uso fraudulento de dinero público, delitos de odio , fuga, manipulación de menores y –probablemente- de estafa por impago de las mensualidades de «Villa Cagona», a lo más que podría aspirar el cagueta sería a presidir el Ayuntamiento de Gerona, siempre que en Lérida se lo permitieran. Tabarnia, culta y sensible, permitiría a los separatistas barceloneses y tarraconenses, así como a todos los miembros de la CUP y los seguidores –incluidos los argentinos–de Podemos y Ada Colau, a instalarse en los territorios republicanos para quitárselos de encima de una puñetera vez. Y el Reino de España, con la Unión Europea de la mano, recuperará para siempre una España libre, democrática y unida a excepción de la pequeña República adyacente, que en pocos años, solicitará su reingreso en el conjunto de los pueblos de España.

Tabarnia, España, capital, Barcelona.