Cenizas viajeras

La Razón
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Las cenizas del símbolo del sueño revolucionario –según el diario «El País»–, viajarán por todo el territorio cubano. Cuando los navegantes españoles descubrieron la isla, a la que denominaron Juana en homenaje a Juana la Loca, no sabían lo que habían descubierto. La isla de Cuba, desde Guantánamo y Santiago hasta Pinar del Río, pasando por Camagüey, Trinidad, Santa Clara, Cienfuegos, Varadero y La Habana, tiene mil kilómetros de recorrido. España se enamoró de Cuba y Cuba correspondió con España, de acuerdo al ingenio de Foxá, descubriendo e instituyendo la sobremesa española, gracias al café, el azúcar, el ron y el puro habano. Después, los españoles se iluminaron con el paisaje, la cadencia del Caribe, las habaneras y las mujeres cubanas, y de Galicia llegaron muchos emigrantes para establecer bajo las palmeras, jacarandas y flamboyanes sus melancolías de hayas y castaños.

Uno de ellos, el padre de Fidel y Raúl Castro. El primero, ya ceniza, y el segundo, en riesgo de serlo próximamente si cumple con su palabra. Acompañar a la urna que contiene el polvo del pájaro a su paso por las principales ciudades cubanas. Sierra Maestra la dejarán de lado, por recomendación médica. Con ochenta y cinco años, Raúl Castro está fuerte para firmar y ordenar encarcelamientos y penas de muerte, pero no lo suficiente para escalar laderas pindias y cumbres del pasado.

Para mí, que van a hacer lo mismo que Maduro con Chávez. Llevar de aquí hasta allí y de acá a acullá los restos de Fidel Castro para satisfacer al personal. Los caribes son gentes de lágrima fácil y olvido presto, y se equivocan los que piensan que Fidel Castro anida como una figura de Lladró en el corazón de todos los cubanos. Millones de ellos saldrán a la calle a ver pasar, con todo respeto, la urna con las supuestas cenizas de Fidel, y confirmar la buena noticia de su fallecimiento. Y siempre Raúl detrás de la urna, con sus kilos y apostura al abandonar La Habana, y hecho un guiñapo cuando se vislumbren los primeros edificios de Santiago de Cuba. Para mí, que la idea del periplo funerario la han tenido el hijo millonario de Fidel y los no menos millonarios hijos de Raúl, que desean ardientemente heredar la finca. La finca abarca todo el territorio de Cuba, y su explotación, si se reparte entre pocos, resulta harto beneficiosa. En el Forbes se calcula que la fortuna que ha dejado el exangüe líder de la revolución comunista, supera los 50.000 millones de dólares, que no es pedorrillo de ratón ni aleteo de colibrí.

No termino de entender que la Casa del Rey y el Gobierno de España manden al Rey Don Juan Carlos en compañía de un secretario de Estado al entierro de quien no va a ser enterrado. El Rey representa todo lo contrario que el difunto tirano. Con un ministro –por ejemplo el de la Agenda digital–, y el embajador, España estaría protocolariamente representada. Don Juan Carlos no pinta nada en ese guateque mortuorio. Si yo fuera el encargado de designar las representaciones institucionales, enviaría a La Habana en nombre de España al secretario de Estado Lasalle acompañado de Almodóvar, que hacen muy buenas migas. Porque de Madrid a La Habana hay que invertir muchas horas de vuelo y conviene que los representantes tengan cositas en común y puedan establecer charlitas en las horas aburridas del viaje. Pero el Rey Don Juan Carlos me parece muchísimo, un derroche institucional, para representar a España en tan insignificante comedia. Un entierro donde el muerto no es enterrado, y cuyas cenizas conforman el poso de uno de los mayores criminales del siglo XX. Estoy seguro de que la idea es de Soraya, porque peor intención no puede imaginarse.

En fin, que uno pretende ser prudente y el carácter le traiciona. En fin... qué le vamos a hacer.