Controles por Navidad

Dicen los más entusiastas, y también los expertos en cuestiones de economía doméstica, que los síntomas de una incipiente recuperación se visualizan en épocas propicias de frenesí consumista. La Navidad es una buena ocasión, y parece que este año hay indicios más que optimistas de que éste se ha animado. Están creciendo las ventas en los comercios y se vuelve a las comidas de empresa y de grupos de amigos, que parecían haberse extinguido en los últimos años, con el consiguiente regocijo para el sector de la restauración, que vuelve a ver las reservas completas. Estos datos, que son buenos para el ánimo deprimido que produce una crisis prolongada, tienen también sus inconvenientes, las consecuencias en forma de un exagerado el consumo de alcohol y el hecho reprobable de conducir bebido. Como toda prevención es poca para frenar este fenómeno, parece más que oportuno que se aumenten los controles de alcoholemia, porque en estas fechas hay una tendencia a relajarse y se producen más accidentes graves. Quizá sean estas fechas propicias para que se refuercen las campañas de prevención, los recordatorios para refrescar la memoria sobre la gravedad de las infracciones por conducir bebido y también para anunciarnos que van a aumentar considerablemente los sanciones para estos incumplimientos. Vuelven a las calles los controles de alcoholemia, para soplar y comprobar si se ha «soplado» en demasía. Los spots televisivos de la DGT sobre los efectos de conducir bebido, son muy duros y dramáticos. Si las recomendaciones, las imágenes y la información preventiva, no son suficientes, ahí estarán en las carreteras y en las calles de la ciudad, a la vuelta de la esquina, los controles policiales para tomar el pulso a la lucidez de los conductores y evitar que una copa de más equivalga a una vida menos. Controles, por Navidad, sí, para controlar el riesgo.