Cuestión de talante

Dentro de cuatro días, Gérard Menuel resultará elegido diputado en la Asamblea Nacional por Troyes, una ciudad al sureste de París en el departamento de Aube. Su resultado en la segunda votación será arrollador, merced a la coalición republicana que constituirán los socialistas y su partido, la UMP de Sarkozy, para derrotar a Bruno Subtil, candidato del Frente Nacional. El sistema a doble vuelta permite al electorado identificar con precisión el destino de su papeleta e higienizar las instituciones con el veto permanente a opciones francamente impresentables como la que lidera Marine Le Pen.

De acuerdo, pero no es sólo cosa de la ley electoral sino, sobre todo, del talante (ah, reapareció la dichosa palabra) de los líderes. Mortificado por su derrota pero responsabilizado en la tarea de evitar la deriva radical de la política francesa, el candidato del PSF, Olivier Girardin, ha pedido el voto para su rival conservador. Lo mismo que hizo su conmilitón Lionel Jospin en las presidenciales de 2002 para facilitar la elección de Jacques Chirac con más del 80% de los votos. Con un programa muy similar al de los ultras franceses, elementos estéticos aparte, Podemos subirá en las próximas citas electorales hasta los máximos históricos del FN, allegando entre el 15 y el 20 por ciento de los sufragios.

¿Imaginan a Pedro Sánchez adoptar una actitud parecida a la de «messieurs» Girardin y Jospin? ¿Asumiría el PP andaluz, en su inanidad, un gobierno de Susana Díaz como mal menor? A lo peor, la ingobernabilidad próxima de España no se deberá tanto a un problema aritmético como a una carencia de cultura democrática y a un excesivo apego a las trincheras.