De la frialdad a los gestos

Los llamamientos al diálogo se han intensificado en las últimas semanas en Cataluña. Los empresarios han sido los primeros que han exigido orden y concierto. Jaume Guardiola –Sabadell– y Juan Maria Nin –La Caixa– pidieron la pasada semana negociación a los gobiernos. Antes lo hicieron Joaquín Gay, presidente de Fomento, o Juan Rosell, presidente de la CEOE, a los que se sumaron empresarios de diferentes sectores. Incluso se ha sumado al diálogo La Vanguardia que durante estos dos últimos años han estado agitando el soberanismo justificándolo como una «revolución de las clases medias». Lo ha hecho mediante editorial en portada. En el mundo de la política también hemos visto gestos. Rubalcaba y Navarro visitaron la pasada semana a Mas con el objetivo de tender puentes y Duran hace semanas que acuñó la «tercera vía».Los llamamientos se intensificaban ante el incremento del cruce de navajas entre los ejecutivos de Mas y Rajoy. La última semana, de forma especial. El choque de trenes, por algunos deseado, desataba todas las alarmas en la mayoría. Memorándum de agravios, descalificado por el propio Duran, malestar por las inversiones previstas en los Presupuestos Generales, plante de Mas a la vicepresidenta Santamaría y frialdad entre ambos presidentes en la cumbre europea. Por si esto sabe a poco, los partidos catalanes están «trinchados». Los soberanistas de Convergencia lanzan despiadados ataques a Duran mientras CiU se disuelve en las encuestas, los enfrentamientos internos de los socialistas catalanes son el pan nuestro de cada día y los populares de Camacho no están viviendo sus mejores días. A esto sólo le falta añadir que ERC sigue marcando el paso de un Mas agitando la estrategia de la confrontación. Por cierto, con pingües réditos electorales. Con este pesado menú, no es de extrañar que Soraya Sáenz de Santamaría aprovechara la ocasión para volver a tender puentes. El sábado por la noche, en la cena del enlace Lara-Brufau y a ojos de lo más granado de la sociedad barcelonesa, se levantó. Se acercó a la mesa de Mas y habló con el presidente catalán. Soraya compartía mesa y mantel con el presidente de La Caixa, Isidro Fainé. Mas hacía lo propio con la Infanta Cristina. De lo tratado poco se sabe. No sabemos si han puesto una pica en Flandes, pero al menos han vuelto a la senda institucional recuperando las maneras y ese diálogo tan maltrecho. Aunque sepa a poco, bienvenido diálogo.