Decisiones incoherentes

Algo no encaja adecuadamente en la aplicación de nuestras leyes en España. De ahí que urja una coordinación adecuada en todos los órdenes de la vida nacional, especialmente en la aplicación de la Justicia, una de las tres patas del trípode en el que se asienta el Estado de Derecho, que hoy es el mejor de los conocidos. Los otros son el Ejecutivo, que mucho tiene que ver en la reflexión de este gallinero, y el Legislativo.

Me refiero a la incomprensible convivencia de dos casos de especial actualidad en estos días. Por un lado, el indulto concedido al conductor kamikaze que provocó la muerte de un joven y que, tras diez meses de cárcel, el Gobierno le ha concedido el indulto a pesar de que la condena se eleva a trece años de prisión. Por otro, el caso de Emilia Soria, que entrará irremisiblemente en la cárcel en menos de dos semanas –el ministro de Justicia tiene en su mano impedirlo- por gastarse 200 euros en pañales y comida para sus hijos con una tarjeta de crédito que se encontró en la calle.

Los dos casos han provocado estupefacción y alarma social por motivos bien contradictorios. El primero, por exceso de indulgencia. El segundo, por exceso de severidad. Con el agravante en el primero de la concurrencia de lazos familiares entre el ministro y el despacho defensor del caso.

No es de extrañar que los dos hayan provocado movilizaciones populares. Las dos se identifican con el sentir mayoritario, por lo que resulta complicado aceptar el mantenimiento de las dos decisiones. Por incoherentes y por, quizás, de dudosa justicia. Así es la vida.