El buen juez

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Desde el mes de noviembre de 2015 vivimos en permanente campaña electoral, y actualmente en una gran incertidumbre; en este debate electoral se desliza por parte de algunas fuerzas políticas la necesidad de transformar nuestro actual modelo de juez, y para ello se pide el cambio en el método de selección. Es curioso que el modo de selección de otros altos funcionarios no preocupe en exceso, obviamente porque el juez ejerce un poder del Estado. En este debate, los que lo mantienen argumentan que nuestro modelo de selección de los jueces tiene esencialmente dos problemas, en primer lugar, el esfuerzo económico que supone para las familias soportar el sostenimiento de un hijo o hija, durante tres o cuatro años preparando la oposición, provocando, según ellos, que sólo se puedan dedicar al noble esfuerzo de la preparación de una oposición los más adinerados; en segundo lugar, el excesivo peso del aprendizaje memorístico de la ley para superar las pruebas selectivas. Para los críticos del actual modelo, éste determina que la mayor parte de los jueces así seleccionados tengan una tendencia ideológica conservadora, al provenir de clases socialmente acomodadas, lo cual no deja de ser una aseveración tan errónea como injusta. Desde la década de los ochenta, la universidad española se ha popularizado, y una gran parte de ciudadanos han podido estudiar diferentes disciplinas, entre ellas, los estudios de Derecho, ocasionando que en la carrera judicial muchos miembros provengamos de clases sociales humildes, como es mi caso, valiéndonos de becas y del esfuerzo familiar para ello. Hoy en día, los egresados de una facultad de Derecho deben superar un master de dos años para poder ejercer la abogacía, y yo me pregunto si también esto va a suponer la determinación de un sesgo ideológico en el mundo de la abogacía, evidentemente no. El estudio de oposiciones es lo más barato que existe en la actualidad, supone un coste para las familias en cuanto el graduado sigue dependiendo de sus padres, o no, pero este coste es muy inferior al que acarrea cualquier master o estudio de postgrado; de ahí el error de diagnóstico de estos políticos. Con ello se intenta trasladar a la opinión pública que el cuestionable conservadurismo de la carrera judicial se debe al modelo de selección, algo que no es cierto en absoluto. El juez es un conservador del «statu quo» porque ésta es su función, aplicar la Ley; el juez no es un agente social transformador como algunos pretenden, para esto están los políticos. En un sistema jurídico basado en el principio de legalidad un buen jurista, y por ende un juez, debe como premisa sine qua non acreditar que conoce la ley que tiene que aplicar, y no es malo que la sepa de memoria; no cabe duda de que se deberían introducir otras materias en el examen, como sociología, historia, idiomas, etc.; más no se discutirá que sobre todo lo que tiene que conocer es la Ley. Decía Fray Antonio de Guevara que «el buen juez no ha de torcer las leyes a su condición, sino torcer su condición conforme a las leyes».