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El Cholo dijo sí

La Razón
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Desolado, frustrado, roto el corazón y fundido en negro, Diego Pablo Simeone anunciaba en Milán, después de perder la final de la Liga de Campeones en la tanda de penaltis, que tenía que repensar su continuidad en el Atlético. Se repetía el varapalo de Lisboa, más doloroso si cabe, aunque la ejecución no fue rubricada en el minuto 93, por obra y gracia de Sergio Ramos, sino después de la prórroga. Antes, el sempiterno Ramos adelantó a su equipo en posible fuera de juego; luego Griezmann falló un penalti, empató Carrasco y en la tanda no acertó Juanfran. La «Undécima», desde San Siro al Bernabéu marcada por un destino tan cruel que al entrenador rojiblanco le impulsó a dimitir. El Cholo había ganado una Liga al Madrid y al Barça y una Copa en casa del eterno rival; pero no conseguía desprenderse de la maldición que persigue al Atleti desde los tiempos de Schwarzenbeck y planeó despedirse. ¿Qué podía ofrecer a la afición rojiblanca después de perder la segunda final continental? Sopesó, seguro, los horarios de los trenes, las paradas que sólo el azar determina y la amarga sensación de haberse perdido dos viajes.

Las dudas de Simeone provocaron congoja en el seguidor atlético, que respiró cuando el técnico ratificó su continuidad, pero dos años menos. El club y él revisaron el contrato y recortaron dos temporadas, hasta el 30 de junio de 2018. El Cholo que pensó en no seguir, finalmente dijo sí, con dos objetivos en el horizonte: uno, sentimental, la primera temporada en el Wanda Metropolitano; otro, coyuntural, volver a ganar un título. Prácticamente descartada la Liga, la ambición por la Champions continúa intacta; pero lo más próximo, y acaso accesible, es la Copa, con permiso del Barça.