El desastre de Artur Mas

Lo predije hace tiempo. Bueno, lo predijo mi amigo Rogelio en cuanto pasó la pantomima del 9-N: el problema ahora lo tiene Artur Mas, quien como presidente de la Generalitat de Cataluña ha conducido a su pueblo a un callejón sin salida, por no llamarlo precipicio, en lugar de a la Tierra Prometida, a la que para mayor escarnio la mayoría ni siquiera deseaba ir.

Y ahí está, como la Puerta de Alcalá, impasible el ademán, sin saber qué camino tomar y, lo que es peor, sin encontrar facilidad alguna ni socios en aquéllos que confió y de los que ahora se previene. Ni el líder de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras, ni la Asamblea Nacional de Cataluña de Carmen Forcadell están dispuestos a echarle una mano. Al contrario, se mueven enseñándole la soga del patíbulo.

Artur Mas exhibe ante los catalanes una pobre recolección de sus hazañas. Su sueño de lista única truncado, sus expectativas del referéndum frustradas y un futuro excesivamente incierto. Ésa es su cosecha verdadera.

Por si le faltara algo, la bandera de «España nos roba» se hizo jirones con la actuación del Gobierno central perdonando a Cataluña todos los intereses -1.843 millones de euros, ¡casi res!- del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) y del Plan de Pago a Proveedores, con lo que Mariano Rajoy ha demostrado que Cataluña, sin España, se hallaría en quiebra, en la ruina.

Desconozco cuál será la siguiente decisión después de sus errores, pero no estaría mal recordar lo que ya decía Confucio «El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor». Se puede afirmar en catalán, aunque no será más claro. Así es la vida.