El factor británico

La Razón
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Por su magnitud, la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín se antojaba un reto inasumible para futuras sedes. Con un presupuesto de 36 millones de euros, un gusto exquisito y una imaginación desbordante, Danny Boyle consiguió que, cuatro años más tarde, la de Londres fuera tan aclamada como la puesta en escena de los chinos, quienes en su búsqueda imperial de la perfección hicieron alguna que otra trampa pueril: fuegos artificiales grabados y suplantación de la cantante infantil.

Los británicos saben vender el producto y ese márketing lo trasladan al fútbol, que para eso lo inventaron, con un rendimiento económico excepcional y una estudiada expansión comercial. Llama la atención que entre los 20 clubes con mayores ingresos del mundo, nueve juegan en la Premier.

Seguido a corta distancia por el Barcelona, la lista de los ricos la encabeza el Real Madrid, que empezó a coger sitio en el mercado asiático cuando fichó al inglés Beckham. El siguiente club español es el Atlético, decimoquinto, y ya no hay más en la veintena, lo cual no guarda proporción con el rédito deportivo. Inglaterra mantiene tres equipos en la «Cham- pions» –Chelsea, Manchester City y Arsenal– y uno en la «Europe League» –Manchester United–. La Liga arrasa porque conserva siete representantes: Madrid, Barça y Atlético, en la máxima competición continental, y Sevilla, Athletic, Valencia y Villarreal en la antigua «UEFA». Sobre el terreno de juego el fútbol español impone su ley, sus jugadores y su estilo, pero más allá del esplendor sobre la hierba domina el factor británico, que, prescindiendo de los títulos, vende su producto divinamente... Sin olvidar el apresto italiano, que asoma en este rol con cuatro representantes, aunque su importancia en el concierto futbolístico europeo está muy por debajo de su consideración.