El katejon removido

Cuando estas líneas se publiquen, todo estará dispuesto para que el ataúd con los restos de Franco salgan del lugar donde el 23 de noviembre de 1975 fueron enterrados por decisión de la autoridad del momento. Muchos pensarán que estoy dándole excesiva importancia a esta cuestión, teniendo España tantas preocupaciones. ¿Por qué insisto en comentar este asunto, entonces? Me explico: el katejon que da título a esta columna es una palabra griega recogida en la Sagrada Escritura, usada en las cartas de san Pablo y en el libro del Apocalipsis de San Juan, que significa «obstáculo, el que obstaculiza». Aunque con un significado distinto al de aquellos textos, me permito actualizar su metáfora para aplicarla hoy, 24 de octubre, a la eliminación del obstáculo existente para continuar con el plan de aniquilación relativo al Valle de los Caídos. A saber: desacralizar todo el recinto consagrado por el legado pontificio de san Juan XXIII, para convertirlo –o «resignificarlo», en el argot memorialista–, en un parque temático de los «crímenes y víctimas» del Franquismo; la salida de los benedictinos de allí y, finalmente, cercenar los brazos de la Cruz más grande de la Tierra, quedando como un monumental obelisco a mayor gloria de quien todos sabemos. Para entonces, los «guías ciegos y perros mudos» querrán ladrar, pero será tarde porque su ceguera, tibieza y cobardía les han impedido hacerlo cuando debían. La persecución religiosa, ahora sin mártires de sangre. De momento.