El peso de Isabel

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Y no me refiero al físico, sino al político. El sector agroalimentario español necesita que al frente del Ministerio de Agricultura haya personas que tengan peso político e influencia dentro del Gobierno. En el caso de Isabel García Tejerina las apariencias indican que cuenta con el apoyo del actual inquilino de La Moncloa. Un ejemplo: Rajoy decidió, porque eso es cosa suya y sólo suya, que figurase en las listas al Congreso de los Diputados en tercer lugar por Madrid, por detrás tan sólo de él mismo y de la «vice» Soraya, y por delante de Cristóbal Montoro. Pero ahora hay que pasar de las señales a los hechos y la ministra de Agricultura tiene dos buenas oportunidades para demostrar que cuenta con peso político. En primer lugar, parando los pies a su colega Montoro en el caso del futuro impuesto sobre las bebidas azucaradas, que, aunque éste último lo justifique por motivos de salud, la realidad es que su razón de fondo es meramente recaudatoria.

En segundo lugar, dando las batalla también frente al amigo Cristóbal en el caso de las revisiones catastrales, para lograr que se reconsideren las subidas de las «contribuciones» de las edificaciones en suelo rústico y las destinadas a actividades agrarias. Así lo pidió el Congreso la semana pasada, salvo los diputados populares, que ya les vale.

El éxito o fracaso en la gestión de estos dos asuntos nos dará una medida clara del peso político de Garcia Tejerina en el Gobierno, más allá de la señales que mandó en su día Mariano Rajoy con las listas por Madrid o de que ahora haya decidido incorporarla a los órganos del PP en calidad de secretaria ejecutiva de la Agricultura.