El «vasco de coscojales»

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Eso de apellidarse López por parte de un individuo que accedía a Ajuria Enea como primer lendakari no nacionalista de la historia no se asimiló tan fácilmente entre las terminales sociales y de poder de un PNV que pasaba a la oposición allá por 2009. Los Aguirre Lecube, Garaicoetxeas, Ardanzas e Ibarretxes fueron los destinatarios de la lehendakaritza desde que mucho antes un tal Sabino Arana decidiera que no eran parte de la sustancia vasca aquellos «maketos» pendencieros que acudían a las fiestas de los pueblos para bailar «agarrao». Y, sin embargo, el carente de apellido «genuino» sigue apuntando recorrido.

Patxi López-Susana Díaz, Susana Díaz-Patxi López, de nuevo la historia del socialismo español parece abocada en tiempos de refundación a la última palabra de vascos y andaluces, sólo que esta vez no se dan aquellas condiciones en las que el vizcaíno Nicolás Redondo pactaba con el sevillano González la cesión a este último y a su «clan de la tortilla» del timón y la brújula del partido. El paso que este fin de semana concretaba el ex lendakari y ex presidente efímero del Congreso no sólo viene a señalarle a Pedro Sánchez la puerta del garaje de su coche –fue curiosamente López, paradojas de la política, quien vino a sugerir al ex secretario general el abandono de su escaño–, sino que se hace con el apoyo de las federaciones que aún le eran mínimamente afines a Sánchez y sobre todo plantea, si no un primer gesto de seducción, sí poner en un brete a las partidarias de Díaz que en casos como la Extremadura de Fernández Vara o la Castilla-La Mancha de García Page ya no tendrán tan sencillos los apoyos explícitos a uno y otra candidata de aquí a mayo.

A la espera de las apasionantes primarias –dando por sentado que la presidenta de la Junta dará el paso más pronto que tarde–, los mensajes en clave de cohesión –éste es el término que habrá de arrogarse quien quiera conseguir el trono de Ferraz– van a ser incluso más fundamentales que el propio debate ideológico. La parroquia socialista con los tristes precedentes aún cercanos va a valorar tanto como una oposición constructiva aunque nítida a Rajoy, un concepto de integración interna de partido que ahora por inexistente no puede trasladarse a la idea del interés de España. Tal vez por eso el entorno más cercano Susana Díaz, preparada ahora sí para patearse el país agrupación a agrupación, deja bien claro a quien les quiera oír que lo de Patxi está bien pero de eso de «hombre bueno», aceptado por todos, nada.

López ha exclamado lo del «hagan juego» y Díaz tiene ya que sentarse a la mesa y pedir cartas si no quiere ceder la iniciativa a alguien que ya llegó a lendakari definiéndose antes como «vasco de coscojales», la calle de su piso en portugalete, o cambiando los viejos conceptos socialistas de «pan y melón» por el «pin» de la ikurriña y otros gestos de esos que suman poco pero que no restan nada. Móviles abiertos.