Entró, entró

La Razón
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La BBC, que pasa por ser un medio de comunicación muy serio, se debatía entre largar los nombres de los tenistas pillados en renuncio, los vendidos o los comprados, que viene a ser lo mismo, u ocultarlos para no meterse en un conflicto judicial de padre y muy señor mío. Finalmente, los silenció; carecía de pruebas tan irrefutables como los movimientos bancarios en las cuentas de los acusados durante los chanchullos, y reculó. Conozco a alguien que ha visto los papeles y los nombres. Como entre los aludidos figuran tenistas españoles, o eso dicen, le puse sobreaviso y le advertí de que si por ahí rondaba Rafa Nadal no me lo iba a creer. Lo descartó taxativamente. Ni de coña; pero al mencionar a otros silbó.

Hay tomate, desde luego. Hablando con gente del mundillo, tenistas y ex tenistas, abundan las sospechas más que las lucubraciones. Pero no se puede señalar a nadie, ni siquiera se ha atrevido a hacerlo la BBC que, sin embargo, ha sembrado de dudas todo el circuito. «No, si ya me parecía a mí que fulanito jugaba partidos muy extraños. ¡Qué altibajos!». O «¿cómo es posible que menganito pierda un set que tenía ganado». Si el inolvidable Juan José Castillo levantara la cabeza, para esta bola colosal terminaría utilizando la mítica expresión «entró, entró».

Ha colado y seguro que algo hay; pero, como en el turbio asunto del dopaje, los tramposos caminan por delante de la ley. Sombras y malas sombras para, después de esa profunda investigación que ha deparado unos resultados más escandalosos que los producidos por los partidos amañados y las apuestas ilegales, sin los pelos de la burra en la mano ha funcionado la autocensura y se ha decretado el secreto de sumario después de esparcir la mierda. Y tampoco es eso.