Franco al rescate

Huérfano de política, la impostación sentimental es refugio del PSOE. Y ahí está Franco, siempre a mano del socialismo en apuros. Argamasa para un partido cuarteado; espantajo para disuadir a los votantes que huyen hacia IU. Lleva el dictador cuatro décadas bajo una losa de granito y pretenden que siga catalizando un debate visceral que oculte las carencias propias. Demuestran su desorientación. Nuestro régimen de libertades suma casi tantos años como el de Franco. Tuvo el dictador un poder inmenso. No ya el que los socialistas le presuponen para confundir a la opinión pública. Que pregunten en la calle. Media España tendría problemas para ubicarle correctamente en la historia. Otra media no sabría responder dónde está enterrado. Agitan un fantasma porque no pueden explicar el despojo en que les ha convertido su falta de identidad nacional en plena sedición independentista. Apelan a la dignidad de las víctimas de una guerra civil perpetrada 75 años atrás para remover tumbas del pasado cuando los asesinados por ETA acaban de revolverse en las suyas al ver en qué ignominia ha acabado el falso proceso de paz del Gobierno socialista. Prefieren deslizarse por el pretérito porque el presente les retrata. Ahí les tienen, criticando a la vez a Montoro por subir los impuestos incumpliendo su palabra y al presidente madrileño por bajarlos respetando la suya.

Su experiencia de gobierno reciente es una rémora para la recuperación del PSOE. Exhibe también penurias de liderazgo. Pero su problema es la carencia de respuestas para los dos grandes retos de hoy: la defensa de la nación española y cómo recuperar el crecimiento económico que garantice el bienestar social. Franco no les ayudará a encontrarlas. Aunque lo exhumen.