Golpe de Vara

El ejercicio de la política, según resumió en su día Groucho Marx, es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. Justo lo que ha hecho el extremeño Fernández Vara con esa incomprensible moción de censura destinada desde el principio al fracaso. Es difícil entender para el común de los mortales qué le puede llevar a alguien a querer poner en marcha una maquinaria cuya única finalidad es pisarle los callos y dejar de paso en evidencia su reiterada debilidad a la hora de sumar apoyos para desalojar al contrario.

Hoy, el aspirante noqueado asegura desde la lona que no sólo no va a dimitir, que es lo que aconseja el manual del político consecuente, sino que además aspira a volver a ser el candidato del PSOE en las elecciones autonómicas del próximo año, para regocijo, supongo, de Monago y, lo que es peor, de quienes deberían ser sus aliados naturales pero le han vuelto a dar una vez más la espalda. Otra cosa, claro está, será lo que piense la dirección de su partido a los que más de uno apuntan como responsable directa de esta astracanada de complicada explicación para su menguante masa de votantes.

Apostar como caballo ganador por alguien que no contento con su derrota electoral se ha empeñado en reforzarla– para que no haya dudas– con un ejercicio práctico a toda página y a doce meses vista de la próxima carrera, es asegurarse el descalabro, y en ese sentido es muy probable que deseo y realidad no vayan parejos, pero también es cierto que algunos, no contentos con tropezar dos veces en la misma piedra, parece que además disfrutan empeñándose en sembrar de chinchetas el duro suelo del que no consiguen levantar sus cuartos traseros.