Historias ordinarias

La Razón
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En unos días con tantos debates sobre historias extraordinarias, llenas de grandes personajes, yo les voy a contar una pequeña, sencilla, sin jueces ni fiscales, de las que sufren las personas normales en su día a día. Ésta ha ocurrido en Sevilla. Recibí hace cinco días una notificación de la Agencia Tributaria del Ayuntamiento de Sevilla. Por la misma, se me informaba que había sido multado con 70 euros, que si son abonados antes del 10 de marzo se reducen a 35 –remate de las rebajas de invierno con el 50%–. La sanción se debe a que había aparcado el coche en la calle San Fernando, a la altura del número 19. La notificación va acompañada de foto de mi coche. Esta foto me aclara todo. Primero, jamás he aparcado en la citada vía. Entre otras cosas, además de ser peatonal, está llena de terrazas, tranvías de ida y vuelta más carril bici. La instantánea muestra perfectamente que el vehículo está a la altura del kiosco que está al lado de la entrada al recinto del Hotel Alfonso XIII. Soy abonado al aparcamiento del citado hotel, entre otros motivos, porque trabajo en Onda Cero, emisora que tiene su sede en San Fernando, 25; por lo que todos los días laborables, al llegar a la entrada del hotel, tengo que frenar, ya que siempre hay grupos de turistas haciendo fotos del edificio, más ciclistas y paseantes en general, con lo que con santa paciencia voy haciéndome sitio. Madrugo ayer lunes y me dirijo a la oficina del Ayuntamiento de la Plaza de la Encarnación. Atención rápida y amable por parte de una funcionaria. Muestro la multa y un certificado del hotel que confirma mi aparcamiento fijo. Me envía a las oficinas de la Avenida de Málaga –al lado de la antigua estación de Cádiz–. Nuevamente, rápida, amable y eficiente atención. La funcionaria incluso me adjunta un mapa para que se vea la situación del kiosco. Me da para rellenar el pliego de alegaciones, advirtiéndome de que, en el caso de desestimar el recurso, tendré que pagar el total de la multa. Ahí está la trampa saducea, digamos, una especie de extorsión, así que decido pagar y evitarme más paseos inútiles. Ya ven la triste, vulgar, historia de una multa de tráfico. En esta España de hoy, todos los caminos llevan a pagar a todas las administraciones.