Homo Arqueologus

La Razón
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Atapuerca es el único yacimiento de Europa que arroja restos del Pleistoceno medio. O sea, de nuestros antepasados o humanidad que habitaba en estos lares cuya nacionalidad no es otra que la terrícola. En España sigue existiendo la Facultad de Arqueología, y aunque sean pocos (por ejemplo, este curso, en primero de carrera en Barcelona, se matricularon unos 40 alumnos), la vocación de indagar en el pasado no se ha perdido. En la sierra de Atapuerca, durante la campaña, han trabajado 284 personas de 23 nacionalidades: la universalidad define la mentalidad de un arqueólogo. Es una profesión con mucho pasado, y éste está en cualquier lugar. Por consiguiente, ¿qué futuro le espera a un arqueólogo en España? Los investigadores alertan de la falta de «nietos científicos». Empero es un «mal» que acecha a casi todos dado el bajo índice de natalidad. Es más, muchos españoles han descubierto que afuera de las fronteras también hay vida y, a veces, incluso mejor. Que un yacimiento dependa de los presupuestos de una comunidad autónoma es «poner todos los huevos en la misma cesta». Deberíamos aprender de EE UU y buscar inversores privados, mecenas que quieran invertir su dinero en investigar dónde estuvimos, quiénes fuimos... Asimismo, el que un recién licenciado en arqueología se pasee por diversos yacimientos arqueológicos por el ancho mundo es lo deseable para ampliar horizontes y aprender al lado de otros profesionales. Viajar e indagar en el pasado de otras culturas amplia la mente y dota de unas habilidades fundamentales para convertir en excelencia el oficio. No se trata de no irse fuera sino de poder volver si se desea y dedicarse a la pasión que uno eligió como profesión. Necesitamos cambiar la mentalidad y el modo de proceder. Aprendamos de esa humanidad de la que provenimos que supo aceptar el cambio y evolucionó hasta llegar al Homo sapiens.