La clave es el diagnóstico

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El otro día visité a Natividad Lorenzo, esteticista de raza y pedigrí. Era de esos que te levantas con mala cara y le consulté si podía hacerme un tratamiento indiba. Me aseguró que no lo necesitaba y que lo que mi piel pedía a gritos era una buena exfoliación para cambiar el tono, un masaje de drenaje manual y una sesión de ondas cortas para revitalizar y energetizar. Resultado: ¡salí nueva! Lo cierto es que hoy muchos centros no se complican y van a lo seguro y a lo que los clientes reclaman por desconocimiento. He frecuentado sitios en los que solo se trabaja con radiofrecuencia indiba. Y aunque me encantan sus resultados, no creo que sea la panacea. Hay muchos tratamientos que combinados ofrecen resultados igual de espectaculares, como pueden ser la exfoliación con punta de diamante, la electroestimulación, la vacunterapia o la biotermia. En cualquier caso, es fundamental el diagnóstico y el tratamiento personalizado según las necesidades de la piel.

A favor del indiba no solo están sus reconocidos resultados, sino que además tiene el respaldo de una laboriosa estrategia de marketing, de ahí su gran acogida entre el público. Pero desde mi experiencia diré que no es «la máquina de los milagros» porque estaría mintiendo. La radiofrecuencia, con un buen equipo profesional y bien aplicada, tiene unos resultados increíbles, hasta el punto de que el propio Rafa Nadal la usó para el tratamiento de sus rodillas. Pero, insisto, el éxito está en la combinación de diversas técnicas.