La resaca

Dicen que en el PSC conviven dos almas. El discurso nacionalista siempre ha dicho que una es españolista. La otra, catalanista. Con este prejuicio, el día de la resaca del debate el mensaje del nacionalismo es claro: ganaron los españolistas. Llevan años repitiendo la misma cantinela que se resume en un sencillo silogismo que sólo tiene un objetivo. Identificar el PSC con el PSOE. Al PSOE con el PP y a España –lo malo– contra Cataluña –lo bueno–. Los prejuicios de los socialistas han contribuido a hacer buena esta visión. La insistencia de los adversarios y los errores propios la han convertido en verdad. Pere Navarro se ha plantado y lo ha escenificado con su «no» a una resolución que presupone la independencia. El «no» marca una nueva interpretación del socialismo catalán. Con dos almas, sí. Una catalanista, que defiende el derecho a decidir, la negociación con el resto de España, la legalidad, que apuesta por reformar la Constitución para construir una España federal. Otra, también catalanista, acomplejada por un Síndrome de Estocolmo con el nacionalismo. Que espera la palmadita paternalista, que suspira por los elogios de quienes valoran su arrojo pero que jamás les darán su voto.Pero Navarro mantiene la calma. Ha fijado posición consciente de que es necesario acertar con las compañías y evitar bultos innecesarios. El «día histórico» ha pasado. Los soberanistas sacan pecho para disimular su fracaso, pero todo pasa y vuelve la realidad. El paro llega al 24%. La continuidad de la Nissan pende de un hilo. El presidente del Banco de Sabadell, Josep Oliu clama por «estabilidad y diálogo». No es el primero que duda. Ha hecho suyo el discurso de Gay de Montellà, el patrón de patronos, abogando contra el fraccionamiento catalán. Los presupuestos siguen cocinándose. Los han tapado bajo el griterío soberanista pero están a la vuelta de la esquina. Será un nuevo fracaso. El soberanismo se quitará las pulgas culpando a Madrid. Algunas cosas no cambian ni en el día de la resaca.