La utilización de la crisis

Lo más importante es que Teresa Romero supere el contagio que ha sufrido del virus del ébola. Las acusaciones, la bronca política, las dudas sobre el contagio y los días que siguieron hasta que ingresó en el hospital y se le diagnosticó la enfermedad deberían quedar aparcados; hubiera sido lo responsable por parte de todos, pero ha sucedido todo lo contrario. La mezquindad política y el ventajismo partidista han emergido desde hace unos días mientras todos expresan a la vez su preocupación por Teresa. No me sorprende, porque en las últimas décadas tenemos un sinfín de casos, de mayor o menor gravedad, de los que se ha producido una utilización nauseabunda. Es sintomática la rapidez con que se exigieron responsabilidades y dimisiones. No se sabía nada y ya habían emergido una enorme cantidad de «expertos» que conocían el ébola superficialmente por los medios de comunicación. Es la primera vez que España se enfrenta a este virus, pero parece que tendría que haber estado previsto, aunque ningún otro país de la Unión Europea tenía la preparación médica ante una enfermedad que nunca había atravesado sus fronteras. La pléyade de «expertos» tiene la certeza de lo que ha sucedido, divide a los protagonistas en buenos y malos y ejercen de médicos aficionados. La bronca política ha dado un buen resultado a la izquierda política y mediática que ha encontrado un tema para desgastar al Gobierno de Rajoy a pocos meses de unas decisivas elecciones municipales y autonómicas. El contagio por ébola de Teresa es el tema sobre el que habla todo el mundo junto con el nauseabundo escándalo de las tarjetas «black» de Caja Madrid. La gestión de la crisis del ébola no es fácil, porque es un tema que afecta a la salud pública y genera un gran temor. Las reacciones son muy primarias y la gente teme que se pueda producir una extensión de la enfermedad, a pesar de la posición tranquilizadora de los auténticos expertos. La realidad es que, del personal sanitario que atendió a los dos médicos misioneros, sólo Teresa se ha visto afectada por la enfermedad. Los que están ingresados es como consecuencia de que estuvieron en contacto con la auxiliar de enfermería, entre ellos las peluqueras que la atendieron cuando acudió a depilarse. Es cierto que resulta fundamental saber qué ha sucedido, porque deberán depurarse responsabilidades. En el caso de que se tengan que exigir dimisiones debería ser cuando se tenga toda la información y se clarifiquen las dudas que existen. Rajoy ha acertado al poner al frente del equipo de crisis a la vicepresidenta, Soraya Sáez de Santamaría, porque es la persona a quien corresponde asumir este papel en una situación que sobrepasa el ámbito estricto del Ministerio de Sanidad. Es cierto que se ha interpretado como una desautorización de la titular del departamento, Ana Mato, pero el tiempo aclarará si ha sido ésta la voluntad de Rajoy. En cualquier caso, lo normal es que ante una crisis de estas características esté al frente, como ha sucedido en anteriores ocasiones, el presidente o el vicepresidente. Otra cuestión distinta es la politización por parte de algunos partidos y sindicatos, que quieren aprovechar la situación para atacar tanto al Gobierno de España como al de la Comunidad de Madrid. Me parece precipitado e injusto. Otra cuestión distinta es la incomprensible torpeza del consejero de Sanidad, Javier Rodríguez, que merece su destitución fulminante por la sucesión de declaraciones extemporáneas que han servido para alentar esa politización de partidos y sindicatos. Es evidente que la izquierda le tiene ganas, muchas ganas, al PP, como sucedió en casos anteriores, y que no iba a desaprovechar la oportunidad. Es bueno que el Gobierno deje la ingenuidad tecnocrática y haga más política y mejor comunicación.