Legalidad y sensibilidad

Es el sino de este Gobierno. Su fatalidad y al mismo tiempo su necesario camino. Arreglar lo que otros han destruido. Reparar lo que otros dejaron siniestro total. Gestionar y solucionar problemas sangrantes y acuciantes, que estaban ahí a la vista de todos, y ante los que casi nadie hacía nada de nada. Y ahora le toca a los desahucios (mañana, ¡vaya usted a saber!).

¡Cuánta hipocresía en las filas socialistas! ¡Cuánta exigencia vacua! ¡Cuánta lección improcedente! Es este Gobierno el que ha desarrollado una normativa para paliar el drama de los que pierden SU techo. Ha sido el PP el que ha encarado la amenaza que para la cohesión social representaba el que decenas de miles de familias se quedaran a la intemperie, arrumbadas, olvidadas, humilladas.

Y es ahora el propio Ejecutivo el que marca las líneas-fuerza que delimitan su respuesta a esta tragedia: sensibilidad y legalidad. Sensibilidad, porque mientras el PSOE se pasó años tocando la lira y sesteando, ahora hay un poder ejecutivo dispuesto a lidiar un asunto con dosis de comprensión, compasión, afectividad y hasta delicadeza con los más desprotegidos. Legalidad, porque ante el tirón de orejas de España del Tribunal Europeo de Justicia hay un PP decidido a incluir enmiendas en el proyecto de ley para la protección de deudores hipotecarios. Obras son amores. Una cosa es tirar de demagogia reclamando que desde hoy mismo se suspendan todos los desahucios, como ha hecho en su entrenadísimo estilo friky Miguel Ángel Revilla. Otra bien distinta es crear los cauces para que la legislación aplicada a quienes piden dinero para comprar una casa sea menos abusiva. Y en esto, nada más pero nada menos, está arremangado Rajoy. En lo que hay que estar. Por cierto.