«Les voltes» que da la vida

La Razón
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El pasado domingo, durante la investidura como 130º president de la Generalitat (numerología que incluye recaudadores de impuestos, arzobispos y otras reliquias del pasado, y cuyo nombre procede de las cortes de Monzón de 1362, cuando se creó el impuesto llamado «generalitats»), el señor Puigdemont, en un discurso pobre y trabado, repitió el mantra de la secesión, que ya expuso el señor Mas unos meses antes. En su turno de palabra, la señora Arrimadas dejó en evidencia la ridiculez de sus argumentos separatistas y afeó al ungido mesías la tremenda sentencia que pronunció en un acto en 2013: «Els invasors seran foragitats de Catalunya». En su réplica, el despeinado Puigdemont se hizo el ofendido, al tiempo que justificaba su diatriba como un homenaje a los catalanes que lucharon contra los invasores fascistas durante la Guerra Civil y no como lo que todo el mundo entendió, es decir pura xenofobia antiespañola. Logró levantar entusiásticos aplausos entre los diputados separatistas y propició que articulistas de los medios gubernamentales alabaran el compromiso antifranquista de los catalanes y ridiculizaron a la portavoz de la oposición por haber sacado a colación una frase descontextualizada, a decir de los mamporreros del régimen. No deja de ser curioso que este sucesor interino del conducator Mas haya nacido en el bonito y tradicionalista pueblo de Amer, cuna de otros tres presidentes de la Generalitat y localidad donde también nació su protector y padre político, el agitador cultural Feliu Matamala i Teixidor (Amer 1912). Matamala, un reconocido activista y propietario de la librería «Les Voltes» (las vueltas) de Gerona, fue miembro en su juventud de la Federació de Joves Cristians huido a la España franquista al inicio de la contienda civil por temor a ser asesinado y se alistó en el Terç de Requetès de Montserrat, una de las fuerzas de élite de los franquistas e integrada exclusivamente por catalanes. El emprendedor Matamala regresó a Cataluña, e instalado triunfalmente en Gerona fundó varias empresas, hasta que en 1963 creó la librería en la plaça del Vi. Catalán de pura cepa (ocho apellidos catalanes), promovió decenas de actividades para normalizar el idioma catalán, lengua que fue perseguida con saña por un régimen de imbéciles culturales. Uno de sus hijos fue presidente de CDC y promovió al joven emprendedor Puigdemont. Los inicios políticos del nuevo inquilino de la Generalitat empezaron con su apoyo a la Crida, la fundación de las Juventudes de CDC, la organización de actos de apoyo a los independentistas detenidos en la «operación Garzón» en 1992, y la búsqueda ávida de subvenciones a sus proyectos, todo ello desde «Les Voltes». En las filas franquistas, y sólo a modo de ejemplo, lucharon el padre de Lluís Llach (alcalde fascista de Verges), el abuelo del nuevo conseller de Sanitat, el separatista Comín (Jesús Comín, abogado carlista y recordado por el General Monasterio: «La guerra se ha ganado porque Zaragoza la ganó y su triunfo se debe a Comín»), el abuelo del dirigente de ERC Pere Aragonés, alcalde franquista de Pineda de Mar, Josep Aragonés o el benedictino Marc Taxonera (fundador de Convergència y de todo el frente cultural catalanista). Mis abuelos lucharon por la República. El señor Puigdemont no pretende expulsar a los franquistas, quiere expulsar a los españoles. «Les voltes» que da la vida.