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Ley fratricida

Ayer la iglesia en nuestro país celebró la fiesta litúrgica de los mártires de la persecución religiosa en España en el periodo 1931-1939. Todos murieron por odio a la fe y perdonando a sus verdugos, y 1891 de ellos ya han sido beatificados. A escasos tres días de las elecciones, quiero resaltar esto por una razón muy clara para mí, que expreso con grave preocupación y tristeza: estamos a tiempo todavía de cambiar el rumbo que está siguiendo la política en nuestro país. La Historia de España es maestra en mostrarnos reiterados y cíclicos acontecimientos que no podemos ni debemos olvidar, no con afán de revancha ni de resentimiento, sino para no repetirlos. Entre ellos, la persecución religiosa, signo dramático que siempre ha acompañado a los procesos revolucionarios o convulsos en nuestra convivencia.

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En Cataluña se ha desatado un clima de odio y crispación que puede desembocar en un conflicto civil de imprevisibles consecuencias para toda España. Cuando, ante ese grave conflicto, en lugar de proponer políticas para construir puentes en la sociedad, se cavan trincheras que reabren viejas heridas –como la irresponsable y fratricida ley de Memoria Histórica– se comete un gravísimo atentado contra nuestra unidad civil y política, cohesión social y convivencia pacífica.

El tiempo apremia. Rectificar antes de que sea demasiado tarde es de sabios y perseverar en el error, de necios. Máxime ante un caso tan grave: un delito de lesa patria.