Política

Los sueños rotos

Eurovegas ha sido para muchos como el sueño de una noche de esperanza. La ambición desmedida de Adelson y el rigor del Gobierno de Rajoy para no ceder a lo que más que una exigencia era un chantaje han tirado por la borda muchas expectativas, pero, sobre todo, muchas ilusiones. Los propietarios del suelo donde se iba a construir el proyecto ven arruinadas sus perspectivas a corto y medio plazo, y ahora sus terrenos seguirán durmiendo a la espera de que despierte un mercado aletargado por la crisis; los miles de currículos llegados al Ayuntamiento de Alcorcón, franqueados con la esperanza de encontrar un empleo, serán ilusiones baldías; los gozosos planes de empresas de todo tipo empaquetarán sus proyectos para guardarlos en el archivo de los sueños imposibles; los diseños de reactivación económica pergeñados por el Gobierno regional, quedan abortados y habrá que idear otras alternativas; el nuevo proyecto de ciudad diseñado por Alcorcón sobre los cimientos de Eurovegas se ha quedado sin horizonte cercano; las previsiones financieras de algunas entidades se borran de unos ejercicios económicos sustentados en un proyecto que se ha hecho imposible; las esperanzas de efectos colaterales positivos despertadas en los municipios vecinos dejan de ser una ilusión tangible; la Comunidad de Madrid pierde parte de su futuro y España como país despierta del sueño de albergar una de las inversiones más importantes llevadas a cabo en Europa. Los magnates como Adelson son así, engatusan, crean expectativas y tensan la cuerda para medir la resistencia del «elegido», con el ánimo de llegar al límite, pero sin romperla. Adelson ha pinchado en hueso. España ha perdido un gran proyecto, pero no la dignidad. No todo vale a cualquier precio. Ahora es el momento de poner a trabajar la imaginación y buscar otra alternativa menos ambiciosa pero más realista.