Monarca para un buen rato

Es lo que la inmensa mayoría de los españoles deseábamos escuchar: «el Rey está estupendo, con buen ánimo y muchísima fuerza de voluntad para volver a empezar». Lo dice el líder de la oposición socialista. Bien, muy bien, una vez más, por Alfredo Pérez Rubalcaba. Es una suerte que Don Juan Carlos progrese tan rápidamente; que camine cada día más y mejor. Si alguien pensó que se iba a acoquinar por su cuarta operación en menos de un año, menudo berrinche debe tener. Don Juan Carlos se crece ante los males. Con lo que le ha tocado bregar en esta vida, deprimirse no se le pasa por la cabeza. Otra cosa es que, en algún momento, se pueda sentir dolido por la perra que han cogido algunos con quitárselo de en medio. ¿Alguien duda, a estas alturas, de que el Rey es una representación de la nación española de primer orden en el mundo? Su sabiduría, su experiencia, su amor a España y su empeño en levantar la vida y la felicidad de los españoles, nos hacen más falta que nunca, precisamente ahora, cuando España necesita un distinto marco de entendimiento y un urgente ajuste entre las distintas piezas del Estado. Aunque no lo sepamos siempre, el Rey se mueve, día tras día, con habilidad y resultados eficaces para afianzar el bienestar de los españoles. En fin, importa lo que importa. Y, aquí, lo que realmente cuenta ahora mismo, es que Don Juan Carlos está estupendo. Que hay Rey para rato, como ha reconocido muy acertadamente –con su probado ojo clínico– Rubalcaba. Y que, cuanto más tiempo lo tengamos al frente de la Jefatura del Estado, mejor para España. Mejor para todos.