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Ni justa ni injusta

Ni justas ni injustas. Las leyes electorales son lo que son: el sistema que cada país utiliza para elegir a sus representantes. Puede parecernos extraño que una democracia como el Reino Unido elija para cada circunscripción a un único representante, el más votado, descartando no solo al que queda en segundo lugar –por muy cerca que haya estado del primero– sino también los votos que han ido a este y al resto de los candidatos. ¿Injusto? Puede ser, pero a ellos les funciona. Llevan muchos años haciéndolo así y nadie discute su sistema, ni tampoco su democracia.
Si hablo de todo esto es porque Podemos presentó el miércoles una reforma de la ley electoral que dicen se ajusta más a la proporcionalidad. La nueva ley eliminaría el sistema de reparto D’Hondt y se sustituiría por la denominada Sainte-Laguë, que establece un modo de cálculo distinto. No es una novedad. En Europa se utiliza en países como Alemania, Suecia o Dinamarca. Esta nueva ley mantiene la provincia como circunscripción, pero modifica el sistema de reparto de los restos para que el resultado final se aproxime más a la idea de «una persona, un voto».
La nueva ley de Podemos, a la que se ha sumado Ciudadanos, propone también que se vote desde los 16 años y establecer las llamadas «listas cremallera»: alternancia de hombre y mujer o viceversa a la hora de presentar una candidatura, alternancia que sólo se puede romper si es para beneficiar a las mujeres. Podemos también plantea instaurar por ley la obligatoriedad de los debates electorales: al menos dos por ley entre los candidatos a presidentes del Gobierno y que uno de ellos se emita en la televisión pública; y algunas medidas más para reducir el gasto público en el envío de propaganda electoral.
El proyecto implica cambiar la ley electoral sin modificar la Constitución, porque el PP tiene mayoría absoluta en el Senado y presuponen que no lo permitiría. ¿Y por qué no? Pues porque esta nueva ley beneficia fundamentalmente a Podemos y Cs, pero perjudica a PP y PSOE. Efectivamente, con ella –y proyectando los resultados de 2016– el PP obtendría 15 escaños menos (122); el PSOE perdería uno (84), mientras que Podemos ganaría seis (77) y Ciudadanos doce (44). Ahí está el truco. Pero no hay que cambiar la ley electoral porque en principio beneficie más a tu formación. Cs, por ejemplo, ha pedido varias veces la reforma de la ley electoral catalana. Es verdad que con una circunscripción única en Cataluña los independentistas sólo habrían conseguido 66 escaños y perdido la mayoría absoluta. Pero con esa misma ley, Cs habría conseguido dos escaños menos, los mismos que hubieran ganado PSC y PP. Son cosas de las leyes electorales. Quizá por eso hay que cambiarlas con cuidado. Y con consenso.

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