Historia

Nuestra bandera

La Razón
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Ignoro el nivel cultural de los alcaldes de «La Plaga» –así los define Federico Jiménez Losantos–, que han delinquido con la intolerable complicidad del PSOE izando en los balcones de algunos ayuntamientos la llamada bandera republicana, cuya composición cromática es tan fea como su significado. Se trata de la bandera de la Segunda República porque la primera mantuvo los colores tradicionales, limitándose a cambiar la corona Real del escudo por la mural republicana. La Primera República terminó como el rosario de la aurora y la Segunda con una terrible guerra civil que enfrentó a España en dos bandos. El Nacional y el Republicano, si bien al final de la misma, el bando republicano lo hizo de la peor manera, matándose los unos a los otros. Esa bandera no es un símbolo de paz y libertad. Fue una efímera ilusión en los primeros pasos de la Segunda República, con unos dirigentes moderados y sabios. Desde 1934, año en el que se pierde la legitimidad republicana por el golpe de Estado del Frente Popular, esa bandera se convierte en el símbolo de la división y el desencuentro.

Nadie, de los que hoy la enarbolan, conoció la República y combatió en la Guerra Civil. Los hay, pobrecitos, que aún creen que la Bandera de España, la de todos, la diseñó el general Franco. Ninguno de estos ignorantes sabe quién era y a qué se dedicó don Antonio Valdés, un burgalés que alcanzó la Secretaría General de la Marina y la Capitanía General de la Armada. De Valdés es el pliego de diseños de la Bandera de la Armada que le fue presentado a Carlos III, casi todos ellos usando los colores de la Señera del Reino de Aragón. Fue bandera de la Armada hasta que se convirtió en la Bandera de España. Real Decreto del 28 de mayo de 1785 cuando a Franco le quedaban más de cien años para nacer. En aquellos tiempos, en la mar y a larga distancia, se confundían las banderas de España, Inglaterra y Francia. Y de las opciones que Valdés presentó a Carlos III, el Rey eligió nuestra actual Bandera: «Para evitar los inconvenientes, y perjuicios, que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la Bandera Nacional, de que usa Mi Armada Naval y demás Embarcaciones Españolas, equivocándose a largas distancias, o con vientos calmosos con las de otras Naciones; he resuelto, que en adelante usen mis Buques de guerra de Bandera dividida a lo largo en tres listas, de las que la alta y la baxa sean encarnadas, y del ancho cada una de la quarta parte del total, y la de en medio amarilla, colocándose en ésta el Escudo con mis Reales Armas, reducido a los dos quarteles de Castilla y León con la Corona Real encima; Y el Gallardete con las mismas tres listas, y el Escudo a lo largo, sobre quadrado amarillo en la parte superior... No podrá usarse de otros pavellones en los Mares del Norte por lo respectivo a Europa hasta el paralelo de Tenerife en el Océano, y en el Mediterráneo desde primero del año de mil setecientos ochenta y seis; En la América Septentrional, desde principio de julio siguiente; Y en los demás Mares desde primero del año de mil setecientos ochenta y siete. Tendréislo entendido para su cumplimiento.

Señalado de mano de Su Majestad, en Aranjuez a veinte y ocho de Mayo de mil setecientos ochenta y cinco. A Don Antonio Valdés. Es copia del Decreto original. Valdés».(transcripción literal).

No creo que los berzotas resentidos y guerracivilistas de «La Plaga» se encuentren entre mis habituales lectores. Pero sería conveniente que asumieran que doscientos veintiún años no pueden olvidarse en beneficio de ocho, cinco de la Segunda República y tres de guerra, que así de breve fue la vigencia de la bandera republicana, símbolo de la discordia y la división.

Nada heroico protagonizaron los alcaldes de la incultura. En España, el Fiscal siempre le da la espalda al delito. Esa bandera tricolor, síntesis del mal gusto y el desamor a España, no representa a los republicanos, sino a los comunistas y allegados que perdieron la guerra por sus propios errores. Es decir, que además de hacer el ridículo, protagonizaron una majadería.